MAYTE VILLASANA
1 de septiembre de 2014 / 04:01 a.m.

MONTERREY.- Un parto adelantado, un abuelo con cáncer, un albañil que cayó del cuarto piso de una construcción, son algunas de las miles de historias que se viven a diario en este lugar: Urgencias-Shock Trauma del Hospital Universitario.

Es la sala de emergencias que concentra la mayor población de lesionados en el Área Metropolitana de Monterrey, del resto del estado de Nuevo León incluso de las entidades vecinas: Coahuila y Tamaulipas.

La sala en donde los familiares esperan tiene capacidad para unas 120 personas; adentro hay una máquina de dulces, hace calor y la ventilación eléctrica no funciona. Encontrar la identidad de un familiar enfermo es fácil ya que el nosocomio cuenta con varias pantallas con los nombres y estados de salud de los pacientes. Lo que dificulta la situación es pagar la cuenta de los gastos.

La factura de la enfermedad

María es originaria de Doctor Arroyo y junto a su familia aguardan en la sala de espera para conocer la noticia de su hermano, quien lleva una semana en Terapia Intensiva por derrame cerebral. Martín Cavazos se encontraba piscando tomate cuando recibió una fuerte noticia que le disparó la presión hasta provocarle una embolia. Tiene 40 años y está casado con Leticia, quien a falta de dinero para viajar con sus cuatros hijas decidió dejarlas con una vecina.

"La cuenta aquí va pa' arriba y pa' arriba. Hace tres días iban 33 mil pesos y no sabemos cómo vamos a hacerle para pagar. En Trabajo Social no nos hicieron caso. Fuimos al DIF y nos piden un papel que tramitó mi cuñada. Tenemos una semana viviendo en aquí, aquí dormimos, aquí medio comemos, en estos casos ni te da hambre. Todos nos salimos de trabajar para venir a verlo, somos muy unidos, aunque mi papá no ha querido subir a verlo", dice la joven de 23 años.

"Los jóvenes deberían venir a ver"

La sala de espera parece un infierno. No hay clima y la temperatura aumenta como las manecillas de un reloj, las torretas y los lesionados dibujan un ambiente de castigo. Los sanitarios son la pesadilla. Los más débiles lloran sin poderse controlar y los valientes logran algún descuento en el departamento de Trabajo Social.

"Él comenzó a fumar desde que tenía 14 años, ahora tiene 66 y en todo ese tiempo no ha podido dejar el cigarro. Mi hermano tiene cáncer, y desde hace días se entregó a Dios. Está arrepentido porque fue una enfermedad más que un vicio. Perdió la voz desde que inició este mes, y no le pasa la comida. Tiene prótesis de esófago".

"Ahorita lo van a hidratar, pero a veces nadie ve eso, no ven el espejo de los demás. Los jóvenes deberían venir al hospital, a ver la situación y los errores de los grandes para que miren lo que realmente sucede. Se van acabando por ignorancia porque toman, fuman y se drogan sin saber las consecuencias", relató Graciela, hermana del paciente Rodolfo Hernández Hernández.

Aquí no hay lugar para todos. Algunos, los que saben, traen cobijas, comida y hasta sillas para mitigar la incertidumbre. Los que no conocen la ciudad deciden no moverse para no olvidar el camino de regreso a su calvario. La única fuente de sodas es relativamente cara. Los platillos de comida corrida cuestan 40 pesos, lo que cuesta un catéter para insertar medicamento intravenoso, por lo que muchos deciden ahorrar el gasto y soportar el hambre.