23 de abril de 2014 / 02:04 p.m.

Monterrey.- Ser un invidente no es sencillo, ya que tener un temple de acero y superar la depresión por la pérdida de la vista es tan sólo el principio del camino.

Las barreras pueden ser tan sencillas como pueden ser tan complejas.

Banquetas en mal estado, alcantarillas abiertas, e incluso semáforos sin sonido son tan sólo algunas de las dificultades.

Instalar nomenclaturas braille de poco sirve, pues los invidentes memorizan las calles.

Lo difícil es cruzar una calle cuando lejos de un sonido de semáforo, la guía es el motor de un auto cercano.

Efraín, un hombre de la tercera edad aguarda horas para que un camión decida abordarlo en el cruce de Juan Ignacio Ramón y Emiliano Zapata.

Sin embargo la espera de minutos se convirtió en dos horas, pues dos unidades que no pudieron ser identificadas modificaron su ruta; un tercero decidió no levantar pasaje, sino hasta metros más adelante.

Algunos usuarios pudieron abordar la unidad 127 de la ruta 117 Vicente Guerrero, pero don Efraín no lo consiguió, siendo captado por las cámaras de Telediario.

Fue hasta varios minutos después, que don Efraín pudo abordar su camión, pues algunos choferes ya lo conocen y lo auxilian.

Los golpes y las caídas son constantes, pero no tanto como la lástima del resto de los ciudadanos.

Los invidentes no piden imposibles, sólo que se respeten los reglamentos, y el respeto de la gente, no su lástima. Algo que ciertamente, no es imposible.

Israel Santacruz