28 de abril de 2014 / 12:36 a.m.

El hombre cuenta que todo el problema se originó por un disgusto de su ex pareja, Úrsula Cantú Aguilar, quien le envió a la policía.

Guadalupe.- Hace nueve meses policías de Guadalupe allanaron un domicilio con lujo de fuerza, sometieron al morador de la casa, y tras torturarlo por varios minutos, lo hicieron confesarse culpable de acopio de armas. Tenía un viejo revolver calibre .32 debajo de la cama.

Desde entonces, Eduardo Cantú Venegas ha enfrentado amenazas de muerte de los uniformados, promesas incumplidas del alcalde César Garza Villarreal, engaños de autoridades municipales, la injusticia de enfrentar un proceso penal federal que le ha quitado buena parte de su patrimonio.

Y la justicia no aparece.

El 21 de Julio del 2013, los uniformados llegaron hasta su casa en la colonia Paseo de Guadalupe, brincaron la barda, tiraron a patadas la puerta trasera, y penetraron armas largas en mano, para someterlo.

Tras los destrozos en su hogar, fue detenido y turnado a la autoridad federal. El parte informativo de la policía se cambio, lo que permitió que posteriormente, los mismos policías cayeran en contradicciones sobre los hechos, al declarar ante el Ministerio Público.

Lamentablemente, su proceso sigue, y podría frenarse si la Policía Guadalupense informará la realidad de los hechos.

Fueron cuatro unidades las que participaron, pero sólo tiene dos nombres de los uniformados: Isidro Márquez González y Óscar Ricardo Lucas.

Cantú Venegas cuenta que todo el problema se originó por un disgusto de su ex pareja, Úrsula Cantú Aguilar, quien le envió a la policía.

Todo lo que pide Cantú Venegas es justicia. Que la policía reconozca su error, y a él lo liberen de la carga de un proceso penal injusto.

Francisco Zúñiga