28 de julio de 2014 / 01:29 p.m.

Patricia salió de su casa esa mañana de mayo hacia su trabajo solo para toparse con una amarga sorpresa: su vehículo había sido vandalizado. Alguien arrojó removedor de pintura sobre su Chevy.

Todo el cofre, la puerta del conductor, el rin de la llanta, completamente dañados. Sin sospecha alguna sobre el o los autores, se dirigió a levantar un acta al Centro de Orientación y Denuncia (Code) en Guadalupe, pero a falta de más evidencia, la persona que le atendió no le dio muchas esperanzas y prácticamente le recomendó que no presentara una denuncia.

Llamó al seguro, mandó su vehículo al taller y trató de seguir con su vida.

Ella y su esposa Claudia (nombres ficticios, pues sus identidades reales no son reveladas para proteger su integridad) viven en la colonia Camino Real. En la casa también reside su madre y tienen al menos 4 años de habitar esta vivienda.

No consideran que el fraccionamiento sea peligroso y tienen una respetable relación con los vecinos de la zona, por eso creyó que quizá fue víctima del vandalismo, o incluso un malentendido.

“Fue muy extraño porque nunca hemos tenido problemas con los vecinos, no es una colonia violenta ni conflictiva ni nada y no entendíamos el por qué.

“Acudí al Code y me atendieron, me preguntaron si tenía sospechosos y el licenciado me dijo que todo iba a ser lento y difícil, encontrar al culpable, porque no había testigos y pues yo malamente me dejé convencer y ya no puse la denuncia”, cuenta Patricia.

Pero hacia la tercera semana de junio el vehículo de su madre, un Jetta, también fue blanco del mismo ataque; nuevamente se usó removedor de pintura para dañarlo.

En esta ocasión no hubo funcionario de la Procuraduría de Justicia del Estado que les hiciera desistir; llevaron imágenes de los dos ataques. Patricia ya no pudo evitar pensar que se podría tratar de un ataque por homofobia y así lo hicieron saber en la denuncia.

Sin sospechosos, sin antecedentes previos, la investigación no tenía muchas expectativas.

Pero fue exactamente un mes después que la situación se complicó aún más: mensajes amenazantes comenzaron a llegar a su buzón.

Una persona no identificada utilizó los sobres de su misma correspondencia para escribir leyendas homofóbicas y amenazantes.

“Pin... machorras, déjense de dar topes y busquen una ver... que las haga gozar”, escribió en un sobre de un estado de cuenta bancario.

En otro más escribió: “Lástima de mujer, pura perdición, dejen ya el consolador que no les sirve de nada y vayan y busquen una ver...”.

El atacante también puso un mensaje más que escribió atrás de un recibo de nómina, con un contenido muy similar, pero fue dejado en el coche de la madre de Patricia.

La familia está preocupada, no sólo han dañado su propiedad, ya también dejaron mensajes de odio y se sienten vulnerables ante un posible ataque frontal.

“Ya nos agreden por nuestra orientación sexual, ese mensaje lo metieron adentro del carro, ya nos explica sobre los otros ataques, que nos agreden por eso”, dijo.

Acudieron ya ante la Comisión Estatal de Derechos Humanos, donde además de abrir el expediente les han recomendado presenten la denuncia por los mensajes y que se pueda integrar todo el un caso.

Los autos, uno muy cerca del otro, ya se quedan en la cochera y ellas voltean a todos lados antes de salir de casa por temor a toparse de frente con la persona que les está atacando.

La discriminación en Nuevo León es un delito desde el 3 de julio de este año y está tipificado en el Código Penal del Estado en los artículos 353 bis y 353 bis 1.

En el caso de Patricia, Claudia y su madre, esto puede ser una agravante para los delitos ya cometidos.

"Ya nos sentimos con miedo de cualquier persona que pase por allí, tratamos de estar al pendiente porque sí tenemos mucho miedo, si ya se atrevió a hacer este tipo de actos, no sé qué siga".

FOTO: Daniela Mendoza

DANIELA MENDOZA / MILENIO DIGITAL