MARCELA PERALES 
29 de noviembre de 2016 / 09:27 a.m.

MONTERREY.- La sexoadicción se desarrolla en muchas ocasiones porque la persona venía de una familia disfuncional o sufrió algún abuso en la infancia, como señalan especialistas. Y esto fue lo que sucedio con Óscar, que aunque no le gustó aquella experiencia, si generó en él, una adicción a la lujuria y pornografía.

“Sufrí, en mi caso, abuso de una persona, abuso sexual. Aunque no me gustó, pero después cuando sentía tristeza e aislamiento, esa fue la forma de escapar de esa realidad”, confesó una víctima.

Óscar desarrolló su adicción a la lujuria a los siete años. Su masturbación era compulsiva desde pequeño y se agravó siendo adulto.

“La hacía tres veces al día, o cuatro, o cinco... consumiendo pornografía”.

“¿No importaba el lugar, Óscar? No importaba. En el trabajo o en alturas de la noche”, declaró.

Óscar no podía iniciar una relación sentimental, porque al momento de conocer a una chica confundía el amor con lujuria. Así fue perdiendo todo.

Un adicto sexual no siempre tiene la culpa de serlo, pero el decirlo significa ser rechazado, por eso tienden a descartar una atención.

Consultas periodísticas indican que el 17 por ciento de los adictos sexuales pierde su trabajo, el 39 por ciento termina una relación sentimental y el 28 por ciento contrae una enfermedad de transmisión sexual.

Ellos luchan contra calificativos equivocados.

El psiquiatra Carlos Arnaud Gil, señala que esta adicción tiene muchas causales que la sociedad desconoce y por eso tiende a juzgar.

"Personas con tumores cerebrales es un síntoma puede ser la hipersexualidad, personas con trastorno bipolar en fase de manía que no estén medicados también pueden presentar conductas hipersexuales", comentó.

Es justamente el estigma social lo que impide la aceptación del paciente y con ello su atención y prevención, incluso hasta de la muerte.