FOTO Y TEXTO: LORENZO ENCINAS
4 de octubre de 2014 / 11:46 p.m.

Monterrey.- Familiares, compañeros de actividad laboral y muchos amigos con los que compartió cientos experiencias, el teniente José Ángel Mejía Álvarez recibió el último adiós con un homenaje de cuerpo presente en la sede de Bomberos de Nuevo León.

Más de 30 años dentro de los Bomberos de Nuevo León, el teniente Mejía era muy querido entre sus compañeros, y muestra de ello fue la presencia de muchos compañeros de otros corporaciones y cuerpos de auxilio de otros municipios.

Desde la llegada de la carroza las muestras de cariño de sus compañeros no se hicieron esperar.

"No lo puedo creer,  se fue muy rápido,  estaba muy bien, pero así son las cosas ya no está con nosotros ya se nos adelantó y me da gusto ver a muchos compañeros de Protección que le guardamos un cariño especial, siempre fue una persona muy atenta", fueron algunas de las dedicadas a Mejía Álvarez durante el homenaje.

Sus amigos, la mayoría, acostumbrados a manejar situaciones de riesgo con mucha tranquilidad, por esta ocasión  no pudieron contener el llanto al ver desfilar el féretro de su compañero para en medio de la valla conformada por elementos de diversos cuerpos de auxilio.

Muy sentida fue la lista de presentes, esa lista donde el Teniente José Ángel Mejía siempre ( y seguirá) formando parte.

Al pasar la lista y justo al llegar al nombre del homenajeado, el coro fue unánime: "Teniente José Ángel Mejía Álvarez, Presente", en tres ocasiones el coro respondió mientras se mencionaba su nombre en la lista de presentes.

Luego de un corto silencio, el sonido se la gaita se dejó escuchar, el tono melancólico del instrumento caló hondo en los presentes: el adiós del padre, del hermano, del compañero, del amigo, del bombero, quedaba marcado en la mente de los presentes.

Con lágrimas en los ojos veían como el hombre que entregó su vida por más de años al cuerpo de bomberos estaba en la antesala de su último auxilio, de su último servicio.

Sus familiares no pudieron contener el llanto, la ausencia pesa, pero no causa olvido.

"Desafortunadamente mi compañero ya se nos fue, es un adiós muy rápido, supimos que estaba enfermo, pero en dos días es que se murió, era una persona muy entregada, muy profesional y lo vamos a extrañar, son más de treinta años y es duro acostumbrase a ya no verlo más", dijo Andrés Molina, visiblemente triste.

El experimentado bombero recordó a su compañero y catalogo su partida como una sensible pérdida.

"Ya se nos fue, era un compañero y un padre ejemplar, se va y deja un enorme hueco, lo extrañaremos por todo lo que hizo y porqué era un maestro en toda la extensión de la palabra, se va siendo bombero en activo", agregó Molina.

Ya al final del homenaje, el teniente, el jefe  Mejía, como cariñosamente la gente lo conocía, fue conducido en el féretro hacía la carroza, sin embargo, sus compañeros, optaron por llevarlo en un camión de bomberos  hasta su última morada, como una especie de promesa cumplida, como si el jefe Mejía se trasladara a un auxilio.

Esta vez las sirenas lloraron por la partida de nuestro compañero, ya lo llevamos al panteón: honor a quien honor merece.

Descanse paz, el Teniente Mejía.