MARCELA PERALES 
9 de mayo de 2017 / 09:20 a.m.

MONTERREY.- Los ex presidiarios entrevistados cumplieron su condena y se encuentran en rehabilitación y programas de reinserción social. Por motivos de seguridad sus nombres reales no son revelados en el reportaje.

“A mí me dan 28 años y yo dije aquí voy a morir, se me hizo un peso grande y pensé muchas veces en el suicidio, nunca logré matarme, quitarme la vida, nunca lo intente. Lo intenté buscando métodos pero nunca tuve éxito, nunca tuve las fuerzas ni la valentía para poder hacerlo. No se si ocupaba drogas más fuertes para eso, nunca lo conseguí”.

Él es Horacio y pasó siete años de su vida en el Penal del Topo Chico, procesado por el delito de homicidio calificado en su modalidad de pandillerismo. Hoy, ha cumplido su condena y comparte su historia.

Siendo adolescente se adentró al mundo de las drogas y del pandillerismo. Ya con 18 cumplidos pasó por diversos internados y en el último le quitó la vida a un hombre. Él ya no fue al tutelar, pasó directo al penal.

“Yo pasé por infinitos internados pero nunca tuve yo el deseo de dejar la droga, yo seguía igual, salía y otra vez igual, salía y otra vez igual. Uno no mide a veces las consecuencias y fue de tal manera que esta persona pues fallece y yo estaba encerrado en un centro de adicciones y de ahí me trasladan a un centro penitenciario", comentó.

Horacio forma parte de la estadística del 80 por ciento de los menores infractores que reiniciden en un acto delictivo.

De ellos, del 75 al 80 por ciento pasan a un centro penitenciario porque ya cumplieron la mayoría de edad.

Al salir, el 100 por ciento se enfrenta a la discriminación social.

Horacio también forma parte de las cifras, pues además de el instinto de supervivencia que se desarrolla al interior de un centro, al salir, sufrió discriminación después de haber estado en la cárcel.

“Es difícil porque te etiquetan de tal manera que te rechazan de trabajos, te rechaza la misma familia, ya no vas a cambiar, cuesta mucho para que la sociedad crea que estás buscando la manera de construir lo que ya estaba destruido.

“Es difícil tener que soportar el rechazo de muchas empresas, de trabajos, que no te dan la oportunidad de darse cuenta que uno toma consciencia”, dijo.

Aunque le ha costado trabajo, también es uno de los pocos que ha logrado rehacer su vida.