SERGIO GÓMEZ
26 de agosto de 2016 / 12:55 p.m.

MONTERREY.- Cuando uno pasa la adolescencia en Nuevo León, hay que tomar partido: Tigres o Rayados. Es una disputa obligada; el futbol monopoliza la plática en cientos de carnes asadas que tienen como testigo imponente al Cerro de la Silla.

Pero no todo es futbol. Si uno pasa la edad de la punzada en el sur del área metropolitana, no a unos metros del Tec de Monterrey sino en la parte olvidada: en otro cerro más pequeño, el de La Campana o en el de La Risca o en el de Altamira, en la colonia Burócratas Municipales o en la famosa "Indepe" o en la colonia Valle del Mirador... uno tiene que tomar otros partidos.

Una pinta en la pared anuncia que la zona, supuestamente, tiene dueño: "Ira Territorio. Cártel del Golfo con el pueblo de N.L." El grafiti lleva más de tres años. Nadie lo ha querido quitar o nadie se ha atrevido. Quién sabe.

Quizá la pintura sale muy cara y uno se acostumbra a ver la pared verde así, con esas letras temblorosas. Quizá sea el tiempo el que termine de descarapelar el mensaje de bienvenida.

Por otro lado, hay chavos que en las últimas hojas de los cuadernos de la escuela dibujan un personaje con lentes, gorra y, debajo, un pasamontañas con una letra a la altura de la boca. Pantalón bombacho, calzado de bombita, el personaje apachurrado sostiene, casi siempre, uno o dos cuernos de chivo.

Es como una mascota del salón de clases. El mono está en el pizarrón de la preparatoria, en las paredes, en los mesabancos y casi siempre en las libretas. Como los personajes de los juegos olímpicos que aparecen en todos lados.

El partido que uno debe tomar es entre el Cártel del Golfo o los Zetas.

A estos muchachos les tocó vivir en una zona estratégica para las bandas del crimen organizado. Como en la Revolución, el control de los cerros y las partes altas de las áreas en disputa es importantísimo.

Lo retrata Mariano Azuela en Los de abajo pero también –a 100 años de la publicación de la novela mexicana- lo retratan estas balaceras.

A estos muchachos, como aquellos que en Torreón, Coahuila, viven en Cerro de la Pila y el Cerro de las Noas, les tocó vivir en medio del fuego cruzado. Estos regiomontanos y aquella gente de la comarca lagunera corrieron con una suerte muy parecida.

Decía que aquí el partido es entre Cartel del Golfo y Zetas en una disputa que parece estar dormida. ¿No hay más opciones? En realidad, estos chicos que dibujan sicarios en el cuaderno, eligieron una opción diferente, por eso están en la preparatoria.

Son los ocho que quedan y que están por graduarse de entre unos 30 alumnos que entraron en primer semestre a la especialidad de Electricidad.

Si estos chavos dibujan a la mascota de los Zetas en los cuadernos de la escuela es por costumbre. La mayor atención de los profesores está en dos de ellos, en los que más monos tienen dibujados en las libretas.

Pero las alarmas no están encendidas por aquellos rayones sino por las confesiones que han hecho: de repente, se drogan con clonazepam, piedra, solventes y, cuando el plan es calmado, con mariguana.

Entre sus cuates hay rateros, sicarios, halcones, vendedores y también chavos que no les interesa nada de eso. Poco a poco se van alejando de las malas compañías, al menos, eso le dicen a los maestros que les inspiran confianza.

El principal objetivo, tanto de ellos como de sus profesores, es terminar sin contratiempos el último semestre.

Así lo harán. Al paso de los días, al final del curso, los ocho estudiantes del salón más conflictivo de este bachillerato tecnológico ubicado al sur de Monterrey, lograrán terminar la preparatoria.