MARCELA PERALES @marce_reportera
31 de enero de 2017 / 08:49 a.m.

MONTERREY.- La relojería Flores, ubicada en la colonia Independencia, a simple vista pareciera un negocio como todos los ubicados sobre la calle 5 de febrero, pero la historia que guardan estas cuatro paredes es un oficio que Don Roberto piensa mantener hasta el último de sus días.

“Empecé por medio de la familia a los 12 años. Mis abuelos, mi padre, mis tíos, todos se dedicaron a eso”, cuenta Roberto Flores.

“Todo el principio de esto lo tengo bien presente y ahorita felizmente aquí estoy todavía en ello”, dijo.

Hace 64 años Don Roberto aprendió el oficio de relojero. Ha sido perseverante y conserva su trabajo.

"Es una satisfacción pararme, abrirle al cliente, saludarlo y atenderlo de la forma debida y cuando se despiden lo mismo. Es lo que yo aprendí y me gusta”

Hoy, solo observa como las nuevas generaciones no están interesadas en aprender como él, y como los tantos relojeros de la ciudad han ido falleciendo.

“El tiempo es así, transcurre y va quedando uno con los recuerdos de aquellas personas que gustaban mucho de esto”.

“Los jóvenes son un poco más prácticos, no tienen ese entusiasmo de querer aprender desde el inicio de las cosas”.

Biografías consultadas señalan que hace aproximadamente dos décadas los jóvenes rompieron con el esquema de continuar con el negocio del bisabuelo, abuelo o padre.

La razón, es que decidieron seguir sus sueños y no la de sus ancestros.

“Es una tradición familiar y me gustaría que mis hijos la conocieran, pero ¿es lo que yo quiero?, ¿es lo que necesito?, ¿es lo que realmente necesito en mi futuro?, ¿es lo que me va a dar lo que yo también estoy persiguiendo? Si así es sigo ese sueño que es de mi familia, si no lo es, tengo que perseguir mi sueño”, señaló el psicólogo laboral Patricio González.

La ambición profesional es buena y a su vez, un claro ejemplo del ingreso que los jóvenes esperan en la actualidad, pues en promedio un practicante pide de 4 mil a 6 mil pesos mensuales y el recién egresado estima un mínimo de 15 mil pesos.

Por tanto, un oficio, en donde cada reparación va de los 100 a los 200 pesos, no es algo rentable en sus vidas, salvo que sea un negocio moderno.

“Ni siquiera les pasa por aquí, no es opción, porque aparte, dónde aprendo a ser zapatero, dónde aprendo a ser relojero, dónde aprendo a ser tapicero”, dijo la socióloga Lylia Palacios Hernández.

“Empezaron con las barberías donde ahora los chicos se ven maravillosos, que te cuesta quién sabe qué tanto hacerte una barba así super wow”, señaló.