21 de febrero de 2014 / 08:04 p.m.

Monterrey.- De jueves a domingo. Cada semana un rayo de un verde intenso surca el cielo regiomontano. Es el faro del comercio.

Durante casi treinta años, un monolito anaranjado de casi 70 metros de altura se ha convertido en parte del paisaje del centro de Monterrey.

Es un bloque de cemento coronado con un sistema que envía una luz láser sobre las montañas de la gran ciudad.

Pero ¿qué hay en su corazón? ¿Cómo es posible llegar a la cúspide?

Únicamente cuatro personas: Edgar Rocha, Jesús Llanas, Óscar Velázquez y Gerardo Garza tienen autorización para subir las escalinatas. Y no sólo eso, están obligados a hacer ese recorrido a diario. Son quienes se encargan que el monumento sea conservado en buenas condiciones, son los custodios para que nada ni nadie le haga daño.

El reportero del aire penetró a esa estructura de un metro 83 centímetros de ancho, 12 metros 33 centímetros de largo y 69 metros 80 centímetros de altura en una aventura que no es propiamente un paseo.

Primero hay que subir, pausadamente, 346 escalones, equivalente a ascender un edificio de 28 pisos, como el Condominio del Norte.

Cuando cree haber llegado descubre que falta un largo camino por recorrer, 33 pisos y cientos de jadeos hay que trepar por una escalinata de mano en un ejercicio no apto para gente sin condición física.

20 minutos después, ya en la cima, la recompensa es instantánea: una espectacular vista del centro de Monterrey desde una ubicación privilegiada, donde sólo unos cuantos tienen acceso, y una desordenada sinfonía choca en las alturas, donde las aves y los ruidos de la ciudad forman parte del elenco.

A las siete de la noche, en el horario de invierno, inicia el ritual del encendido del laser, que dará una vuelta completa en dos minutos recorriendo edificios, montañas y perfiles.

La cálida luz, capaz de encender un papel a unos centímetros de donde emerge, se convierte en un sólido tubo luminoso que se va enfriando a la distancia y que multiplica su espectacularidad en nochas nubladas.

El proceso para descender también es complicado, pero bien vale la pena recorrer desde sus entrañas un monumento artístico nacional, como ha sido declarado formalmente el faro del comercio, un joven de apenas 30 años.

Joel Sampayo Climaco