MARCELA PERALES
25 de julio de 2017 / 07:33 a.m.

MONTERREY.- Trabajar sin cesar, sin comer, sin dormir, sin paga alguna y en ocasiones poder renunciar, es sinónimo de una explotación laboral.

Este fenómeno, que obedece al delito de trata de personas, está latente en Nuevo León y la población más vulnerable es la indígena o de origen indígena, según reveló un estudio realizado por el Instituto de Investigaciones Sociales de la Universidad Autónoma de Nuevo León.

Karla, siendo adolescente, fue víctima de este delito durante seis años, que considera, han sido los peores de su vida.

“Caí en la trata por una oferta laboral, una oferta donde se me hizo creer que estaría bien, donde esta organización hizo todo lo necesario para que mis padres estuvieran tranquilos con respecto a que yo estaría cuidada, yo estaría en una situación digan, optima, y de ninguna manera siendo explotada ni esclavizada. 

Al final terminé siendo víctima de explotación laboral, esto quiere decir que nunca tenía un horario, trabajaba sin parar, todos los días y sin ningún horario, durmiendo algunas horas y sin horas especificas de comer ni de sueño y de nada, percibiendo cero pesos y cero centavos durante los seis años que estuve en esa organización”, dijo la víctima.

Aunque prefirió no revelar el nombre, Karla refirió que el lugar donde fue explotada se trataba de una compañía artística que la mantenía en completa esclavitud.

“Yo no tenía voluntad, yo no podía ni siquiera ir al baño si no me lo permitían, yo no podía ni salir a la tienda a comprarme algo, no tengo dinero pero quiero ir al parque a caminar, nada. No podía agarrar el teléfono, pararme a la cocina a tomar un vaso de agua y por supuesto estaba totalmente sometida a la voluntad de estos hombres.

Había todo tipo de abusos sexuales, abusos físicos, todo tipo de violencia extrema, no comía prácticamente nada, no dormía prácticamente nada”, refirió la mujer, quien ahora forma parte de una asociación de apoyo a víctimas de trata.

Este delito parece ser invisible en el Estado aunque está a la vista de cualquier ciudadano y autoridad: en cruceros, residencias y hasta en los mismos negocios establecidos.

En la investigación realizada por el IINSO y la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas, se indica que del total de las víctimas de trata de origen indígena y con fines de explotación laboral, el 40.6 por ciento se encuentra en el trabajo ambulante.
El 20.8 en el servicio doméstico, el 7.9 está en fábricas y el 2 por ciento se encuentra en el sector de la construcción.

“Vienen a los campos agrícolas bajo la promesa de un pago por el tiempo laborado y al final no se les paga o se les paga mucho menos a lo que se había comprometido el contratista y simplemente se les echa a la calle.

Es más grave aún que estas personas bajo alguna forma de presión se vean obligadas a obtener recursos para terceras personas”, señaló José Cerda Cepeda, representante en Nuevo León de la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas.

Por su parte, la Presidenta de la Comisión Unidos contra la Trata, Rosi Orozco, señala que la mendicidad forzada también forma parte de este delito, cuando se le obliga a la persona a pedir dinero en la calle para al final del día, entregarlo en su totalidad a su tratante.

En el estudio realizado por el IINSO y la CDI se determinó también la lengua que hablan las mujeres víctimas, y que en muchas ocasiones les impide denunciar los hechos porque no conocen el idioma español.

El 44 por ciento de ellas habla náhuatl, el 32 por ciento desconoce su lengua, el 10 por ciento otomí y el 9 por ciento mixteco.
Solo el 5 por ciento habla otro idioma indígena.

mmr