6 de mayo de 2014 / 01:54 a.m.

Monterrey.- La tristeza flotaba en el ambiente.

Los rostros juveniles, generalmente alegres, ahora denotaban el dolor de ver partir al amigo, asesinado injustamente en una balacera entre delincuentes.

Carlos López Vázquez tenía un futuro brillante, un futuro que fue abatido por las balas.

Su familia, amigos, compañeros de juego, estuvieron con él para despedirlo en el Panteón Las Escobas.

Su cuerpo yacía inerte, apagado por la inseguridad, pero su espíritu vivía en cada uno de sus compañeros.

Los jugadores de Vaqueros de la Prepa 2 lanzaron una porra, entre todos le dieron un minuto de aplausos y le llevaron su uniforme con el número 21, el trofeo que ganaron en alguna competencia, muchas flores, pero sobre todo, el cariño que sentían por él.

Todos desfilaron junto al féretro. Algunos besaban simbólicamente el cristal por donde se veía el rostro de Carlos.

Pocos pudieron contener una lágrima.

Momentos de dolor, pero también de impotencia, al saber que la inseguridad sigue y que son los buenos los que siguen cayendo.

Francisco Zúñiga