10 de enero de 2014 / 10:45 p.m.

Monterrey.- Luego del deslave y la caída de cuatro grandes rocas en el cerro del Topo Chico, dos de las familias afectadas están decididas a no habitar más el lugar, mientras que la otra se resiste a retirarse.

La vida volvió a transcurrir tranquila en la calle La Esperanza, de la colonia Unidad Pedreras, un asentamiento irregular que carece de los servicios básicos.

Anita Muñoz Palacios, cuya vivienda quedó con daños en dos muros y una ventana a causa del impacto de una piedra de más de tres toneladas, dijo que personal de Fomerrey ya se entrevistó con ellos.

"(Nos dijeron) Que nos iban a dar reubicación, pero mi esposo no quiso, porque pues no cabemos en un departamento. No es viable para nosotros, la verdad no", comentó el ama de casa de 38 años y madre de cuatro menores.

Ella y su familia tienen 15 años habitando en ese punto, donde existió una mina de piedra caliza. Por lo pronto Fomerrey les dará apoyo.

"Y nos dijo que nos iba a dar un paquete para poder arreglar aquí. Para resanar los daños, pero no sabemos qué material sea", indicó

Ella está consciente del peligro que corren ante posibles deslaves y caída de rocas. En los últimos tres años han ocurrido dos incidentes similares, y en uno resultó lesionado un vecino.

"Sí, sí sabemos el riesgo, pero por lo pronto aquí nos vamos a quedar. Quién sabe más delante si nos vayamos de aquí. Las condiciones no nos permiten irnos, no", concluyó.

Por su parte, Jesús Morales Ponce y su hermano estaban construyendo dos cuartos de block junto al enorme talud, pero luego de que las piedras derribaron las tapias, cambiaron de opinión.

"Andábamos construyendo, y como nunca había pasado algo así, pues andábamos echándole ganas. Pero ya con algo así, nos pensamos retirar", enfatizó.

Él y su familia, así como la de su hermano, viven en cuartos de renta en la misma calle, y esperan que el Gobierno los oriente para encontrar un hogar digno.

"Pero sí queremos, nos gustaría, que nos dieran una ayuda. O sea, una reubicación para podernos ir. Que nos orientaran y que nos dieran una ayuda", explicó.

Él sabe que, de seguir construyendo junto al cerro, en cualquier momento un deslave puede acabar no sólo con su humilde patrimonio, sino con su propia familia.

"Y fue la manera en que ya con esto sí hicimos consciencia de que no puede uno arriesgar a los menores a esto", puntualizó.

Así transcurren los días en esa zona irregular de Unidad Pedreras, en el norte de Monterrey, mientras las personas rezan para que no regrese la lluvia de rocas de gran tamaño.

AGUSTÍN MARTINEZ