MAYTE VILLASANA
16 de julio de 2016 / 10:15 p.m.

SANTA CATARINA.- Luego de pinchar su pequeño dedo para medir los niveles de glucosa, Fernanda, una niña habitante de Santa Catarina, juega y se divierte como cualquiera de su edad, pero lleva una vida diferente. Tiene apenas ocho años y padece diabetes tipo 1.

No come dulces y evita la carne roja. Se ha hecho cotidiano que la aguja recorra su cuerpo. Ella sola se inyecta insulina unas cuatro veces al día. Asegura que aprendió sola porque quería sentirse independiente.

"Sí, yo me sé inyectar solita, me inyecto en las tres comidas, yo solita me enseñé y empecé a inyectar a mi mamá y a mi papá y después me di confianza y me inyecté yo sola", dice la pequeña Fernanda Tenorio.

Fer, una niña de ocho años con diabetes

Su carita se entristeció cuando el doctor leyó su diagnóstico. Y desde ese momento comenzaron los cambios de hábitos, principalmente de alimentación.

"Tenía mucho miedo, no sabía qué era. Mi mamá me explicó y la doctora también. (Tengo) un año y medio con la diabetes, si me costó un poquito al principio pero ya después no", recuerda Fer.

Al ser una niña las invitaciones para las fiestas abundan, pero ella se tiene que medir en las comidas que ofrecen y evita el pastel y los refrescos.

"Mi mamá para que yo pueda comerlo, me lleva la insulina y me inyecta antes de comer eso y ya después me lo puedo comer", menciona.

La noticia del primer diagnóstico inmovilizó a Moisés y a Alicia, padres de Fernanda, quienes decidieron cambiar de doctor, pero el resultado seguía siendo el mismo.

"Fue muy impactante, no la creíamos de hecho, le hicimos varios estudios, no nos conformamos con una sola opinión y cuando todos coincidieron pues… es un dolor muy fuerte y uno piensa en la muerte nada más", dice la madre de la pequeña.

Alicia Medina, madre de Fer, asegura que los primeros meses fueron complicados, pero al buscar ayuda e información adecuada aprendieron a sobrellevar la situación.

"Valiente, es muy valiente, se quiere mucho, tiene un autoestima por los cielos. A veces le digo ‘Ay mami descubrieron algo para curar’, ella ‘No. Déjame así, yo estoy bien así. Le doy gracias a Dios porque así estoy bien’".

Fer diariamente lleva su control adecuado y conoce perfectamente los términos de su padecimiento. Además su convivencia en los hospitales ha despertado su interés de ser doctora.