22 de agosto de 2014 / 12:27 a.m.

Cadereyta.- Las acequias de aguas cristalinas que regaban miles de hectáreas de naranjales y sembradíos de hortalizas, se transformaron repentinamente en un impetuoso río de petróleo; ahora, el fantasma de la ruina amenaza a agricultores y ganaderos de Cadereyta, una de las regiones más fértiles de Nuevo León.

A dos kilómetros a espaldas de la refinería de Cadereyta inició el hasta ahora incuantificable desastre ecológico. Una caseta verde con blanco, de dos por dos metros, es el sitio donde se originó la fuga, en condiciones, afirma Pemex, de una operación mal hecha de bandas de hidrocarburos.

Durante ocho horas, chorros incontrolables de petróleo inundaron huertas cercanas y se volcaron sobre un canal de riego que lanzó torrentes de petróleo a gran velocidad hasta descargar en el río San Juan, uno de los más caudalosos de Nuevo León y el principal proveedor de la presa El Cuchillo-Solidaridad, la más grande para consumo de agua potable para el área metropolitana de Monterrey.

Y para poner más nerviosas a las cuadrillas, un incendio, de origen altamente sospechoso, se declaró en un pastizal de unas cinco hectáreas a unos cuantos metros de donde aún había lagunas de petróleo.

Los trabajadores especializados en contener y remediar derrames de petróleo, tuvieron que entrar al quite para sofocar el fuego, reveló el alcalde de Cadereyta Emeterio Arizpe, quien afirmó que el siniestro fue controlado a las 11:00 de la noche del miércoles.

La fuga de petróleo, ocurrida desde el domingo, pero que fue mantenida en secreto por autoridades federales, estatales y municipales en Cadereyta, seguía extendiéndose a lo largo del río San Juan a pesar de los esfuerzos de las cuadrillas que extendías cinturones flotantes para intentar contener la mancha negra.

Un recorrido aéreo a baja altura sobre el San Juan permitió constatar las manchas de hidrocarburos que se han extendido por más de 10 kilómetros con dirección a la presa El Cuchillo, a 30 kilómetros del sitio del desastre.

En algunos lugares hay extensas zonas negras, en otras, se observa el reflejo multicolor característico cuando hay sustancias aceitosas sobre el agua.

Mientras tanto, las cuadrillas especializadas en contingencias ambientales, combinaban esfuerzos con lugareños que fueron incorporados al trabajo para arrancar a mano limpia la vegetación rivereña impregnada del hidrocarburo.

El daño primario lo recibieron los sembradíos en San Juan de Cadereyta, una comunidad famosa porque junto al puente del ferrocarril se jugó por primera vez en México un partido de beisbol el 4 de julio de 1889. La atención nacional vuelve a centrarse en este lugar, hoy, por un desastre ecológico cuyos alcances están por conocerse.

FOTO: Joel Sampayo

JOEL SAMPAYO