2 de enero de 2014 / 12:03 a.m.

Galeana.- El 2014 amaneció de genio. Mientras media humanidad dormía reponiéndose de los efectos de la llegada del medio año, el capitán Carlos de la Rosa y el Reportero del Aire se lanzaron en el helicóptero de Multimedios Televisión hacia las montañas, que durante cuatro días se mantuvieron arropadas por nieve y niebla espesa que impedían fueran contempladas.

Vino una repentina mejoría en el clima, si por mejoría se entiende aumento de temperaturas y aparición del primer sol de enero, Y emprendimos la aventura hacia el cielo, buscando compartir estas imágenes codiciadas por las familias que anhelan paisajes y noticias con matices blancos como la nieve.

El primer intento para hurgar los cerros fue por La Huasteca, en Santa Catarina. Y las cumbres mas altas se lanzaban retadoras con sus copetes nevados como invitando a los obstinados viajeros del aire a acercarse.

Pero la odisea resulto cara. Vientos cruzados, turbulencia, nubes bajas se aliaron para evitar que las cámaras curiosas pudieran capturar alguna imagen tranquilizadora. Antes al contrario, se trataba de un viaje para disfrutarse, no de una tentación al destino, por lo que el experto capitán enfilo la aeronave por esas brechas invisibles del cielo en busca del preciado botín.

Aparecieron las primeras cumbres nevadas, y más ventarrones, cambios de temperatura y oleadas de nubes en franca alianza contra los intrusos voladores.

La terquedad y experiencia del piloto nos llevó pronto a los espacios esperados... Llanuras colindantes entre Coahuila y Nuevo León se alfombraron con los copos que en ataque montonero formaron acumulaciones de hasta un metro de nieve.

Algunas familias llegaron a donde el paisaje se transformaba por cortesía del fenómeno invernal, pero había que ir en busca de aquellas comunidades en apuros, agobiadas por el frío, donde para sus habitantes no representa regocijo ni oportunidad para tomarse una foto. Más bien enfrentaban el riesgo de perder sus cosechas, su ganado, sus viviendas ante el peso de la nieve acumulada en sus endebles tejados. O tal vez la esperanza de buena humedad para el próximo ciclo agrícola, o un revés para las plagas, sensibles a las bajas temperaturas.

Y nuevamente, a pesar de los furiosos vientos, el capitán de la Rosa enfilo el helicóptero a aquellos valles escondidos donde habitan cientos de familias que no conocen el confort de la vida moderna. Aquí, sin señal de telefonía, para nada sirve la inteligencia de aquellos aparatos electrónicos de ultima generación.

Hemos llegado al territorio de Galeana, que con más de siete mil 100 kilómetros cuadrados, es el municipio de mayor extensión en Nuevo León. Prácticamente todas sus tierras de cultivo y pastizales están cubiertas por la nieve. Llegamos a un ejido, oh paradoja, llamado Estados Unidos, a 25 kilómetros del techo de Nuevo León, El Cerro del Potosí.

El Estados Unidos de acá no se parece en mucho al del Norte. Acá no hay edificios, ni progreso, ni grandes comunicaciones. Lo único que los vecinos norteamericanos envidiarían de los ejidatarios mexicanos es su soledad y el silencio roto por el silbido del viento o por la presencia de algún ruidoso visitante, como nosotros.

Aterrizamos junto a un camino de terraceria. Los lugareños aparecen rápido porque no es frecuente que del cielo le lleguen forasteros. Manifiestan su inquietud de los vecinos de las comunidades de más arriba, donde la acumulación de nieve fue mucho mayor. Creen que el peso extra en los techos puede causarles problemas.

No podemos avanzar mas. Ni nosotros ni la ayuda tienen posibilidad de llegar porque la nieve está alta y las nubes muy bajas.

Hay qué esperar tiempos mejores, en un año que inicia, así, con el agridulce sabor de una nevada.

Crónica de Joel Sampayo