SYNDY GARCÍA | MILENIO DIGITAL
26 de diciembre de 2015 / 09:08 a.m.

Monterrey.- Pedro fue deportado y llegó por error a Monterrey. Buscaba un tren para el sur y tomó la ruta equivocada que lo hizo tocar la base de la colonia Industrial, en la capital de Nuevo León.

Refugiado por unos días en la iglesia Santa María Goretti, después de ser expulsado de Arizona, en Estados Unidos, Pedro se pregunta cómo regresar a su natal Chiapas con su esposa, dos hijas y un hijo, mientras otros abren obsequios bajo el pino y cenan en familia.

Al contar su historia, reconoce que hace tres años tomó una decisión difícil que lo hizo cometer un delito para llevar el pan a su familia. Para él la Navidad es igual a otro día, no hay diferencias.

"La Navidad nosotros tenemos toda la vida, todo el día es igual, toda la vida es igual. Llega para nosotros un sábado o domingo pero es igual, nosotros no sabemos qué es Navidad, comamos lo que comamos es igual", relata mientras toma con sus dos manos su nuca.

Se hirió mientras iba en el tren. Una ampolla de días se le reventó. Ahora, dice, tiene que aguantar más que cuando cruzó mariguana por el desierto hacia Estados Unidos.

Llevó en su espalda 20 kilogramos de mariguana por 16 días en el desierto y ahora su misión es continuar su camino de regreso a casa.

Afortunadamente, dice, en aquel entonces "la gente del Chapo" llevaba comida para el camino y les pagaron después 2 mil dólares que envió a su esposa para comenzar a construir una casa.

"Caminamos 16 días para llegar hasta Mesa, Arizona, íbamos despacio, gracias a Dios no nos maltrataron, no nos pegaron.

"Comida llevaron bastante y si se acababa la comida pedían más comida y ya cuando llegamos ahí todavía nos pagaron 2 mil dólares", relata.

Aunque cruzar la mariguana no fue por obligación, Pedro refiere que era "la única" opción que tenía para ganar un extra.

"El que quería pasar, pasaba, el que no quería pasar no había problema; 'la gente del Chapo' nos decía que no es obligación, si quieres pasar pues llevas si no, no".

Una vez en Arizona, Pedro decidió trabajar con "los chinos" en un restaurante lavando platos de las 6:00 a las 23:00, nueve dólares la hora para que cada mes lograra enviar dinero a su familia

La traila en la que vivía ha sido una de las cosas más cercanas a un lujo. De su trabajo logró conseguir unos dólares para hacer su hogar y continúa en su sueño por regresar.

"Me prestaron una traila para dormir, estaba bien bonita, tenía refri y televisión y me cobraba 100 dólar mensuales", dice.

Pero mientras cuenta, el dolor sigue en su nuca. Han sido, dice, seis días de infección y ocho días sin poder bañarse. Para evitar que empeore, ha logrado comprar unas botellas de alcohol y aunque le duele se lo aplica.

"No lo aguanto, pero me lavo con alcohol todos los días, lo bueno que el padre me regalo un dinerito para unas pastillas para el dolor".

De fondo se escucha "brilla la estrella de paz", pero la impaciencia de se adueña de Pedro. "Yo ya me voy, si no consigo dinero me iré en el tren carguero para Tampico y luego agarro para Veracruz, ojalá que encuentre una feriecita primeramente Dios".