MAYTE VILLASANA
10 de junio de 2015 / 08:48 a.m.

MONTERREY.- Josefa y Modesto despiertan a la cinco de la mañana. Mientras ella barre el patio él observa la vialidad. Para las siete ya están desayunando una taza de café con pan. Si hay dinero extra compran 50 pesos de costilla en La Ramos.

La vivienda de María Josefa Pérez y Modesto Sotero Jiménez es una casa peculiar. El dormitorio está estacionado debajo de la avenida Gonzalitos, sobre la avenida Madero; es un viejo camión que parece de helados. No pasan calor porque tienen un ventilador.

Casa Gonzalitos
En un par de cuartitos de madera, que construyeron a un lado del camión, tienen un pequeño espacio para tomar la ducha | FOTO: Daniel Becerril, Reuters

Con el dinero de la pensión que reciben del gobierno federal ahorraron para comprar madera y construir la cocina y el baño, un par de cuartitos que suman tres por dos metros.

"Junté dinero para hacer el bañito. El material me costó mil 500 y de mano de obra fueron 700. La cocinita se llevó mil cincuenta y la parrilla me la regaló un señor que iba pasando en un carro. No siempre tenemos para llenar el tanque, así que procuramos tener comida que no se caliente. Tampoco tengo refrigerador", menciona la mujer originaria de Rodeo Durango.

Casa Gonzalitos
Los vecinos del matrimonio son los pacientes del Hospital Universitario | FOTO: Daniel Becerril, Reuters

La sala está en el estacionamiento de los bajos del puente, y la estancia es un catre en el que Modesto toma siestas con el arrullo del tráfico. Los vecinos de los Sotero Pérez son los pacientes del Hospital Universitario.

La avenida Gonzalitos es un techo que los protege de la lluvia.

"En este techito no tenemos frío porque Dios es tan grande que tiene cuidado con sus hijos. Por eso nunca nos falta nada siempre hemos creído en él, en el gobernador del mundo entero", dice Josefa.

Casa Gonzalitos
La decisión de establecerse de manera definitiva fue cuando don Modesto estuvo en cuidados intensivos durante tres meses | FOTOGRAFÍA: Daniel Becerril, Reuters
Nueve años y contando

El matrimonio vive ahí desde marzo de 2005. La decisión de establecerse de manera definitiva fue cuando don Modesto estuvo en cuidados intensivos durante tres meses. La cuenta médica se elevó. La mujer solicitó préstamos, vendió sus pertenencias y tras exámenes y diagnósticos, los recursos se agotaron.

"Mi hermana murió el 21 de enero de 2005 a las tres de la mañana y ese mismo día pero a las seis de la tarde le dio un derrame cerebral a mi esposo, nos acabamos todo. Así que me puse a pedir en este crucero y me quedé a vivir aquí. Él duró tres meses como vegetal, pero gracias a la misericordia de Jesucristo, mi esposo sigue vivo", explica Josefa.

Casa Gonzalitos
Josefita se traslada con el apoyo de un andador. Es creyente desde el accidente de su esposo | FOTO: Daniel Becerril, Reuters

Modesto Sotero tiene dificultad para hablar y entre sus pertenencias tiene un montón de medicamentos y una licencia de locutor. Es originario de Querétaro y su esposa asegura que el hombre fue reportero en Monterrey.

Josefita se traslada con el apoyo de un andador. Es creyente desde el accidente de su esposo y tiene un celular con el que reporta cualquier anomalía que observa en el sector. Modesto y Josefita llevan juntos más de 50 años; no tienen hijos, ni propiedades, pero se dicen el matrimonio más feliz del mundo, con una vida tranquila, y una increíble casa en la ciudad.

Casa Gonzalitos
Josefita y Modesto se dicen el matrimonio más feliz del mundo, con una vida tranquila, y una increíble casa en la ciudad | FOTO: Daniel Becerril, Reuters