4 de junio de 2014 / 03:04 a.m.

Monterrey.-Para el grafitero es más difícil conseguir un lugar extremo para plasmar su rúbrica, que conseguir la pintura en aerosol para hacerlo, pues la única restricción que marca la ley es que no se venda a menores de edad.

Muchos lugares de la ciudad lucen símbolos indescifrables, nombre “Mario Als” de jóvenes sin más notoriedad ni mérito que haberse atrevido a subir hasta lo alto de un edificio para pintarlo en la pared que todos ven. Y porque es fácil conseguir una pintura que le vale apenas 30 o 40 pesos.

Mario Alberto Hernández, empleado de una ferretería y tlapalería de la colonia Independencia recuerda que hace algunos años era común que los jóvenes llegarán a comprar las pinturas en aerosol, aunque muchos, como sabían que no se las iban a vender, se las robaban.

De un tiempo a la fecha, al menos en ese sector, ha bajado. Pero no es tan difícil conseguirlos, pues para comprarlas, lo único que necesitan es una credencial de elector.

Esto no impide que una buena parte de las paredes y edificios del centro de la ciudad luzcan los grafitis que les arruinan la estética y les quitan valor en su plusvalía, pues los grafiteros no respetan ningún lugar,  aunque esté a varios metros de altura.

 FRANCISCO ZÚÑIGA