EDUARDO MENDIETA
5 de enero de 2016 / 07:59 a.m.

Monterrey.- Sentada, rascándose sin piedad e incesantemente por 32 minutos, con una piel de elefante, gruesa, reseca y grasienta, que supusiera alguna lesión dermatológica, pero no, seguía lijándose la cutícula, temblando ante la ola de aire helado que embiste.

Doña Hilda, que en edad aparenta unos 50, pero merodeará menos de los 40, es una sombra en el abandono, no hay un código de barras en su memoria que la identifique.

Sólo balbucea apenas un par de palabras, tras dormir durante tres horas en las escaleras de acceso a la Clínica 33 del IMSS, sobre la avenida Félix U. Gómez, entre la calle Rafael Ramírez y Constitución.

Se come un sandwich de jamón con queso y chile del Súper 7, que le trae su efímero colega, el indigente por un día, que intenta hacerla hablar, pero prefiere comer entre la suciedad y malos olores la suculenta comida que incluye una natilla de dulce de chocolate y vainilla, tres chicles sabor fresa, y dos tamales, mientras un charco de orines sofoca en las escalinatas de un puente.

"Gracias, gracias", alcanzó a decir, al preguntarle si le gustó el lonche, si estaba sabroso, que cómo se llamaba y cuántos años tenía, las respuestas nunca llegaron, la plática menos.

Enfundado en mezclilla renegrida, Don Ramón, de barba larga y más de 50 años, no se dejó que el indigente por un día se sentara a un lado de él, se quitó simplemente, y se siguió comiendo algo que parecía un tamal, ahí sobre avenida Constitución, casi frente a los Condominios.

Sus ojos rojos, tristes, se borraban al dar paso a la humareda de la incesante fumarola que como chacuaco se echó a través de unas 17 colillas de cigarros, cuya cuenta perdimos, pero que el piso fue su informante.

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Mientras tanto, Don Evaristo traía una mano llena de uno, dos y 5 pesos que brincoteaban ante el grito de: "¡una moneda, una moneda!"
De unos 60 años, con un bastón, pantalón de mezclilla y una camisa blanca, el sólo intento de acercarse a él, resultó atemorizante.
"¡Lárgate de aquí, vete!".

Al preguntarle su nombre, su respuesta no fue diferente.
"¡Te dije que te vayas!", balbuceó sobre una banca de la Calzada Madero y Guerrero, afuera de una tienda de conveniencia.

Doña Hilda, Don Ramón y Don Evaristo son esas sombras que ni siquiera balbucean su nombre, sin credenciales, sin bolsa, sin tarjetas, sin códigos y nada que los identifique y que se optó por bautizarlos con un nombre para el reportaje.

Su memoria parece que se diluyó, sumergidos en enfermedades mentales como la esquizofrenia, pero que existen desde hace años deambulando en la ciudad a diario.

El sinfín de estadísticas disponibles en sitios web habla desde 200 que vagan por los puentes, camellones, calles y avenidas de Monterrey en el 2010, hasta los 10 mil, en todo Nuevo León en 2012.

Sin embargo, Miriam de León, fundadora de la agrupación Salud Mental para Indigentes AC, establece que el dato más cercano es de mil indigentes en el área metropolitana, cifra que se duplicó en cinco años, el 90 por ciento hombres y 10 mujeres, además de otros 300 indigentes inimputables en el Pabellón Siquiátrico del Penal del Topo Chico, por la indiferencia e ignorancia de las autoridades estatales.

Unos incluso son violados, atropellados o les extraen sus órganos, como explica la agrupación.

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Una persona prefiere comer entre la suciedad y malos olores. | CARLOS RANGEL

"Ojo, también les roban sus órganos, los atropellan y los dejan tirados en la calle, quebrados, no pueden caminar bien, y las mujeres son abusadas y violadas, está el caso de una señora que se llama Nelly, que llegó a su casa, se perdió y se alejó, aparece al mes y regresó así y hay otros que caen al hospital o a la cárcel, ahí hay unos 300 inimputables en el siquiátrico.

"La mayoría de los indigentes no están bien de sus facultades mentales, la persona se harta de la paranoia del muchacho y lo corren, forzando al indigente a las drogas para mitigar su ebullición y el infierno que viven dentro, la indigencia es un problema de salud pública porque las autoridades la han dejado de lado", explica Miriam.

De León señala que es un problema multifactorial y es atribuido al desempleo, la pobreza, el consumo de drogas severamente dañinas y enfermedades mentales como la esquizofrenia, la bipolaridad, la paranoia y las conductas violentas.

"La Secretaría de Salud no tiene un área dedicada a las enfermedades mentales, hay un área dedicada a la drogadicción, hay un hueco enorme de la Secretaría de Salud, el indigente tiene derechos, que es el derecho a la salud, está apoyado en el Artículo 4 en la Constitución donde el Gobierno tiene la obligación de atender la salud de todos, principalmente en los más débiles", afirma.

Según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), México y Venezuela fueron los únicos países latinoamericanos donde se registró un incremento de la pobreza y la indigencia entre 2011 y 2013.

En México, creció a una tasa anual de 0.4 por ciento en ambos rubros, es decir, en el 2014 se tiene el registro que hay 14 millones 940 mil personas en situación de indigencia en el país.