12 de mayo de 2014 / 12:17 a.m.

Monterrey.- Su espíritu era igual al de muchos jóvenes: aventurero y en busca de la justicia. Sin ser un héroe en traje de bombero, policía o paramédico, Eduardo Villanueva Navarro, de 25 años, buscaba la igualdad y luchó como un ciudadano común contra la delincuencia, aunque perdiera la vida junto a su madre la noche de este sábado, mientras la festejaba.

Villanueva cursaba el octavo semestre de la Facultad de Ciencias Políticas y Administración Pública de la Universidad Autónoma de Nuevo León, sitio donde era admirado por su inteligencia, sencillez, por su preocupación por el prójimo y la igualdad en los derechos. Se graduaría en diciembre próximo.

Lalo, como lo conocían sus amigos, se encontraba con su madre Verónica Navarro en el centro de San Nicolás cuando un grupo armado lanzó una ráfaga de balas a un bar, siendo víctimas inocentes al perder la vida ambos.

En su muro de Facebook, Eduardo hizo una última publicación el 5 de mayo, siendo ésta una fotografía con su hermano Oscar; el resto de las publicaciones son mensajes de familiares y amigos que lamentan la pérdida del joven y su madre.

En sus publicaciones se observa una constante: la búsqueda de la igualdad de los derechos, un luchador social que en imágenes buscaba hacer eco de las voces de los grupos minoritarios y a quienes irónicamente como él, fueron víctimas de la violencia.

Incluso una de sus imágenes, compartida hace algunos meses, señala la dicha de vivir un día más, y la importancia de disfrutar cada minuto su existencia.

Pero la noche en que murió no fue la única ocasión que Lalo sufrió en carne propia la inseguridad. En diciembre pasado Eduardo sufrió un asalto en un camión urbano; intentando los ladrones despojarlo de su celular y demás pertenencias, a lo que el joven se resistió y sin armas ni chalecos salvavidas le hizo frente a los criminales por el simple hecho de no permitir la injusticia de arrebatar sus pertenencias.

Entre sus publicaciones comunes se encontraba el denunciar y no permitir abusos de autoridad y de gobernantes; de la protección a fauna y flora en riesgo; de los delitos donde se castigaba a los pobres y la impunidad de los delincuentes de cuello blanco; así como la libertad de expresión.

Tanto Eduardo como su madre Verónica se suman a la lista de civiles inocentes víctimas de la delincuencia, en tanto los actos criminales continúan.

Israel Santacruz