9 de octubre de 2014 / 12:59 a.m.

 

Monterrey.- En el escenario y frente a la inagotable ovación de los colonos de San Bernabé y de los reflectores bien enfocados, el presidente de México, Enrique Peña Nieto, comenzó saludando a los presentes. El primer elegido fue el gobernador del estado, Rodrigo Medina, a lo que sobrevino una ola de aplausos de los presentes. Después nombró a los funcionarios federales y estatales, luego a los diputados locales y federales presentes, y la multitud seguía 'encendida'. Todo pintaba bien, pero la cereza en el pastel fue la ausencia de la alcaldesa regia, acción que usó el Presidente para bromear.

"Gracias a los presentes. A la presidenta municipal de Monterrey", y entre un silencio burlista, buscándola como marinero, mencionó entre risas, "no, no está" y prosiguió con su mensajes "Gracias a los presidentes municipales que nos acompañan, a los representantes de la sociedad, meda mucho gusto saludarlos", dijo sonriente Enrique Peña Nieto.

El helicóptero tocó tierra a las 12:45 horas en un improvisado helipuerto: uno de los barrios regios que padece 'extrema pobreza', calificativo que cedió la titular de Secretaría de Desarrollo Sustentable, Rosario Robles, quien encabezaba la comitiva presidencial.

Peña bajó y recorrió el pasillo de los visitantes y durante cinco minutos saludó a los asistentes. Se trataba de un presidente tranquilo, bañado en sudor, pero las distinguidas damas, como él las definió, no les importaba la seguridad del Estado presidencial, los 28 grados bajo una lona blanca ni el mismo sudor del presidente reformista impedía el 'arrimón' de las mujeres.

"Peña, amigo, Prospera está contigo", gritaban las consignas a favor del primer mandatario, quien fue ‘apapachado’ por decenas de mueres jóvenes y adultas que se entregaban por completo como cual concierto de adolescentes.

María del Carmen Navarrete, vecina de la colonia Rancho Viejo, en Guadalupe, dijo que lo único que deseaba era saludar a Enrique Peña, por lo que llegó desde las 9:00 horas a la Prolongación Aztlán para verlo, pero su espera valió la pena; cuatro horas después lo vio en persona.

"Tenías ganas de verlo y luego pasó por aquí. Yo dije cuando pasó el Presidente: 'Chingado', yo lo quería saludar y me dice Rodrigo (Medina),-acá estoy yo-, y lo abracé a él (…) 'chingada madre', ya no lo abracé, Medina, le dije. Y Rodrigo lo tomó del brazo y lo trajo."

María del Carmen logró tomar del brazo al Presidente, y una mujer que se encontraba justo a su lado, fue la responsable de deshacer el peinado representativo del mandatario.

La confusión en la mejilla izquierda o derecha hizo que al menos más de una de las bernardienses estuviera a punto debesar en la boca al esposo de Angélica Rivera. El responsable de la entrega de los reconocimientos fue más bien el pretexto para algunas que aprovecharon a’ toquetear’.

Después de los reconocimientos, Medina presumió a Peña que los indicadores de la inseguridad han ido a la baja durante su administración. El discurso se convirtió en diálogo cuando el mandatario federal tomó su turno y respondió al mensaje del estatal con una traba en la lengua: no pudo pronunciar correctamente el nombre de la capital de Nuevo León.

Luego de los 'besuqueos' y 'el taco de ojo', el único presidente que olvida los nombres de los libros que lee, felicitó a los regios que recibían el Centro Comunitario Cultural y Deportivo.

"Felicito a los habitantes de Monterroy, de Monterrey, particularmente de esta región, de San Bernabé, por contar ahora con este gran espacio, que sin duda, contribuirá al desarrollo de su comunidad".

Al traspié verbal, los bernardienses respondieron con un par de segundos de silencio; nadie reclamó. Los gritos y aplausos siguieron su curso.

FOTO: Roberto Alanís y Jorge López

MAYTE VILLASANA