MAYTE VILLASANA
30 de octubre de 2015 / 11:49 a.m.

Monterrey.- Todos los días Marcelo García se enfrenta a la muerte. No lleva el gusto de ver una escena sangrienta, pero se despierta con la misión de visitar a los difuntos.

Es empleado de un panteón municipal en Monterrey desde hace ocho años. Jamás imaginó trabajar para los familiares de un muerto, pero la oferta laboral era atractiva y decidió armarse de valor.

"Al principio me dio cosa, escalofrío, pero (con el paso del tiempo) se acostumbra uno. Yo pienso que es como cualquier trabajo. Te tienes que adaptar. La primera impresión de ver cómo queda uno no me dio miedo, más bien fue curiosidad", recuerda con seriedad el hombre de 38 años.

En la actualidad hay dos tipos de exhumaciones, las civiles y las judiciales, pero ambas siguen el mismo proceso.

Panteón
"Al principio me dio cosa, escalofrío, pero (con el paso del tiempo) se acostumbra uno", narra Marcelo | MAYTE VILLASANA

El padre de familia cuenta que para realizar una exhumación es necesario un traje de protección, que incluye guantes mascarilla y lentes protectores. Además todo aquel instrumental de construcción o carpintería necesario para acceder al lugar donde están depositados los restos.

“Primero abrimos la caja. Quitamos las tapas y sacamos los restos. Ya después hacemos las labores para sacar la caja. Luego llevamos el cadáver al osario con su identificación y frente a los familiares.

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El trabajador municipal también se encarga de la pintura de las tumbas | ADA RODRÍGUEZ

“A veces la ropa todavía la tienen (…) y el cuerpo se conserva más cuando está en una caja metálica que la de madera. En la de madera se pudre más rápido”, asegura.

Pero Marcelo narra que ese lugar lleno de tumbas es el escenario perfecto para la hechicería y los trabajos negros.

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Marcelo asegura que su lugar de trabajo es el escenario perfecto para la hechicería y los trabajos negros | MAYTE VILLASANA

"Hemos visto gente que se mete a hacer brujería, a todas horas. Cuando estamos escarbando nos encontramos con frascos con aguas negras, pero yo confío en Dios. No tengo miedo", asegura el hombre que trabaja para el municipio.

"En sí, en sí, no le tengo miedo a la muerte. Todos vamos pa' llá", finaliza el hombre mientras realiza trabajos de pintura en las decenas de tumbas alineadas del cementerio San Jorge, uno de los más antiguos en la entidad.