LUIS GARCÍA
17 de febrero de 2016 / 07:22 p.m.

Monterrey.- A casi una semana del motín que acabó con la vida de 49 personas, autoridades estatales abrieron a los medios de comunicación las instalaciones del penal del Topo Chico.

En un recorrido que se prolongó por casi tres horas, se dio acceso a las zonas conocidas como el Rondín –que era controlado por un grupo delictivo–, el campo de futbol, ambulatorios, áreas de trabajo, cocina y comercios.

Pese a que priva una tensa calma al interior del reclusorio, en la memoria de los internos todavía está fresco el recuerdo de los hechos violentos ocurridos entre el miércoles 9 y el jueves 10 de febrero.

“Se puso feo, pero ya está tranquilo… fue horrible, gracias a Dios uno está bien”, narró un interno, “(se escucharon) gritos nomás, de dolor. En ese momento pasaron por mi mente muchas cosas, que podría ser uno”.

La mayoría se resguardaron en sus celdas, otros optaron por correr y muy pocos decidieron tomar parte en la batalla campal.

“Yo estaba en mi celda escondido para que no me pasara nada… muchos gritos, que se llevaron al señor que estaba arriba… tuve bastante miedo, más que nada por mis hijos y por mi familia”, detalló otro recluso.

Este miércoles, durante el recorrido, se pudo apreciar que poco a poco la vida regresa a la normalidad, si tal cosa es posible en un centro penitenciario.

Los internos laboran en diversas actividades, las cuotas para hablar por teléfono –una de tantas que existían en este lugar– han desaparecido y las filas para comunicarse con los familiares es interminable.

Pese a ello, las huellas de la batalla son evidentes. Espacios calcinados que reciben reparación son el común denominador. Las risas y bromas en las áreas comunes contrastan con los testimonios de quienes vivieron de cerca los hechos.

La petición de quienes aquí habitan es unánime: que la atención recibida en los últimos días no quede en el olvido cuando la situación se calme y la matanza deje de ser el centro de atención.