7 de mayo de 2014 / 02:50 a.m.

Barreras que impiden el escurrimiento natural y severas modificaciones a la orografía, en las que todos hemos contribuido.  

Monterrey.- Durante los últimos tres años, mas de 12 mil camiones cargados con tierra, escombro y material desconocido han rellenado cañadas y ríos en los límites del Parque Nacional Cumbres de Monterrey, en la división municipal de Monterrey y Santiago., pero los vecinos decidieron unirse y les cerraron el paso.

 

La Sierra Madre Oriental, cuyos imponentes paisajes engalanan el horizonte de Monterrey, ha sido agredida sistemáticamente por el acarreo sin control de material extraído del río Santa Catarina o de obras en construcción de la zona metropolitana de Monterrey.

 

Don Alfredo Navarro, quien durante 45 años brindó sus servicios al Tec de Monterrey disfruta su jubilación en su cabaña en del fraccionamiento El Barro, un desarrollo campestre de 300 lotes de entre 2 mil y 3 mil metros cuadrados cada uno. Fue Tesorero de la junta de vecinos durante tres periodos y explicó que los propietarios presentaron denuncias repetidamente, pero sin éxito, a las autoridades estatales y de Monterrey y Santiago.

 

Hace tres años comenzaron los acarreos. Ante la crisis de inseguridad, los dueños de los terrenos se alejaron y eso se convirtio en área de oportunidad para el traslado masivo del escombro que rellenó las áreas municipales del fraccionamiento, aproximadamente unos 60 mil metros cuadrados. Donde unos 10 mil camiones depositaron una capa de relleno que elevó el piso unos 20 metros, según don Alfredo Navarro.

 

Ante la apatía oficial, la junta vecinal decidió instalar una caseta y contratar vigilantes para frenar la invasión que quedo controlada, pero vinieron otras dos oleadas de nuevos rellenos.

 

Esta semana se estrechó la cerrazon de los propietarios. No permitirán nuevos rellenos, ni de invasores ni de los propios vecinos. Mientras tanto, las calles de la comunidad de El Barro quedaron maltratadas ante el paso de miles de camiones con deshechos. Pero el riesgo de problemas en la montaña persiste ante la posibilidad de que los escurrimientos de las lluvias busquen nuevas salidas al ver bloqueadas sus rutas milenarias.

 Joel Sampayo