JOEL SAMPAYO
20 de enero de 2017 / 08:48 p.m.

MONTERREY.- Es viernes sobre Monterrey el viento sopla arrachado y barre momentáneamente los contaminantes que sistemáticamente son lanzados a la atmósfera por distintas fuentes.

El área metropolitana carece de áreas verdes y son las naves industriales, calles y edificios los que impiden la existencia de capas vegetales que brinden bocanadas de oxígeno.

Ni la Alameda Mariano Escobedo de Monterrey contribuye en algo para inyectar a través de sus plantas algo de aire fresco. Sus jardines carecen de pasto y los árboles no parecen ser suficientes.

Pero frente al tradicional paseo, la hora pico se convierte en colapso porque sobre la avenida Pino Suárez están recarpeteando: gases de los autos atorados, partículas de carbón del chapopote, polvo de las banquetas, forman un coctel aéreo que penetra directo a los pulmones de los que radican en la gran ciudad.

Los botones que monitorean el aire están en naranja, mala calidad, pero nada más. Poco veneno no mata, se argumentaría… aunque poco veneno, a diario, como que ya deja de ser tan poquito.

Industrias grandes como las siderúrgicas de San Nicolás siguen aportando ese ambiente neblinoso que ha prevalecido por muchos años. Las chimeneas de empresas del centro de monterrey que procesan vidrio lanzan también esporádicas bocanadas de humo negro.

El aironazo permite contemplar a la distancia las pedreras que parecen estar en calma. Para las próximas horas hay pronóstico de viento arrachado y caliente que bajará tolvaneras de las montañas para espesar la mezcla de los venenos flotantes que todos respiramos y algunos no quieren ver.