22 de octubre de 2014 / 01:24 p.m.

Monterrey.- La escritora y periodista Mónica Lavín se presentó recientemente en la ciudad para presentar su nueva novela, Doble filo, en la Feria Internacional del Libro y también para participar con una conferencia magistral en el V Encuentro Nacional de Escritores Jóvenes.

En la obra, la autora nacida en México y ganadora del premio Nacional de Literatura Gilberto Owen en 1996. aborda el tema del primer amor y la primera ruptura, aunque reconoció que también es necesario contar temas escabrosos.

En esta ocasión, la artista platicó sobre Doble filo y cómo llegó hasta esta nueva producción.

¿De dónde nace Doble filo, su reciente libro?

Hacía tiempo que quería contar la historia de un primer amor y dolor de ruptura... tiene que ver con las primeras veces que he narrado en novelas donde las protagonistas son adolescentes: Andrea en La más faulera, por primera vez se enfrenta a la violencia en una cancha de básquet; Ana en La línea de la carretera por primera vez sale de su país; Antonia faltaba. Necesita olvidar. La historia de las primeras veces me gusta, su huella es especial, es estar del lado de la pérdida de la inocencia, de las primeras cicatrices.

Por otro lado en un encuentro de escritores en Ciudad Juárez, hace unos años, a raíz del encierro obligado platicamos varios escritores sobre la novela corta y sus virtudes. Nos propusimos Rosa Beltrán, Cristina Rivera Garza, David Ojeda, Elmer Mendoza y yo escribir una. Había un reto en la forma donde encontró cabida la historia de Antonia.

¿De dónde le vinieron tantos tonos melancólicos, amorosos, tantos efectos progresivos que generan los recuerdos que duelen?

A mí me gusta lo breve, temo a la desmesura inútil de las muchas palabras. Doble filo pedía ese ritmo fragmentario para ajustarse a las sesiones, a los días y las noches y los breves encuentros de "La bruja" y Antonia. Me gusta lo incisivo de esa prosa justa, de aleteo. Así son los recuerdos en todo caso. Lo emotivo... ¿quién no ha estado en las pieles de estas dos mujeres? Desde el primer amor, a los que siguen.

Hay una dialéctica entre mujeres en esta obra, pero también idas y venidas al pasado, ¿cómo trabajo esta obra en el plano de la estructura?

De manera muy lúdica y lírica. Como cuando escribí mis primeros cuentos, un tanto a ciegas. Aunque había la condición del género: vertiginosa como un cuento y alrededor de un suceso (el deseo de olvidar de Antonia de Doble filo) y el desarrollo de personajes como en la novela. Buscar el doble efecto de la forma mientras me adentraba en los adentros del acomodo emocional de los personajes. Y la restricción a base de sesiones, y sólo unas semanas de duración. Ese era el tablero, lo demás ocurría en cada jornada de escritura, aparejada a los encuentros de lospersonajes.

¿Por qué el amor o la pérdida han dejado de ser grandes temas novelísticos, dando paso a temas escabrosos, de muerte, violencia o el narco?

Creo que nuestro azoro frente a la violencia irracional, a la crueldad y el despropósito como lo que estamos mirando con dolor e ira respecto a los estudiantes de Ayotzinapa, nos ocupa porque rebela nuestra impotencia, nuestro miedo, nuestro lado más sombrío. Es necesario contarlo. También el panorama violento, de pugnas de poder son mucho más evidentes, escabrosas en su propio anecdotario. Las historias de lo íntimo, de los amores son más sutiles y siempre hay el miedo de desbarrancar en lo cursi. Hasta las mujeres queremos jugar a ser tipos duros. Y los hombres... también.

¿Cómo se sintió de ser invitada a la conferencia magistral del Encuentro de Escritores Jóvenes?

Muy halagada y deseosa de poder compartir Los trabajos y los días desde mi propia experiencia. Sobre todo con escritores jóvenes.

¿Cómo ha sido ese trabajo que siempre ha hecho en el apoyo de autores y desde luego como parte de nuestra literatura?

Me gusta estar atenta a la escritura de los que han puesto su pasión en ello. Me gusta acompañar, cuando puedo. He dado talleres mucho tiempo. Yo atesoro los consejos que recibí cuando empezaba, y los que sigo recibiendo.

FOTO: Gustavo Mendoza

ISRAEL MORALES / MILENIO DIGITAL