24 de noviembre de 2014 / 12:37 p.m.

Anáhuac.- Las administraciones 2009-2012 estuvieron marcadas por los nexos de jefes de seguridad y sus elementos con la delincuencia organizada, que fueron sólo la punta de lanza para la más grave crisis policiaca que ha atravesado Nuevo León, actualmente cuatro ayuntamientos siguen con esta carencia.

Y si en la zona metropolitana el problema era la infiltración de los cuerpos de seguridad, en los municipios rurales se le añadió el fenómeno de las corporaciones que se quedaron sin un solo policía: fueron 20 los ayuntamientos que se encontraban en esta situación.

En la Glosa del Quinto Informe de Gobierno de Rodrigo Medina, la Secretaría de Seguridad Pública reveló a los diputados locales que de los casi 20 municipios que se quedaron sin policías por estos hechos, actualmente sólo cuatro mantienen esta condición, a saber, Agualeguas, Vallecillo, General Treviño y Melchor Ocampo.

Esos 16 municipios restantes, que durante un par de años fueron pueblos sin autoridad propia, hoy regresan de a poco a la normalidad.

Anáhuac es uno de esos. Ubicado a 206 kilómetros de Monterrey, tiene características que lo hacen especial en materia de seguridad. Colinda con Nuevo Laredo, Tamaulipas, e Hidalgo, Coahuila, puntos altamente conflictivos. A unos minutos se encuentra La Ribereña, carretera que ha sido escenario de cruentas batallas del crimen organizado.

Este pueblo de 25 mil habitantes enclavado en la última frontera del estado, terminó por resentir todo esto.

"Cuando llegué aquí era un pueblo fantasma para mí,  levanté la mano y pregunté que a donde había llegado", cuenta Alfredo Grande Barrera, secretario de Seguridad Pública Municipal.

Cuando este hombre, capitán del Ejército en retiro, arribó a Anáhuac para hacerse cargo de la seguridad, la policía estaba en ruinas. Su antecesor, el director operativo y 11 elementos fueron detenidos por presuntos nexos con el crimen organizado.

"La misión que yo traía aquí encomendada por el alto mando fue depurar aún  más la corporación", refirió el ex militar.

Esa limpia dejó prácticamente en ceros a la policía. Grande Barrera, curtido en las plazas de Reynosa, Tamaulipas y Ciudad Juárez, Chihuahua, refundó la corporación y, para ello, echo mano de lo que ya conocia.

De estar sin elementos, la policía de Anáhuac cuenta actualmente con 40 elementos: además del secretario de Seguridad, existe un director administrativo, cinco policías civiles oriundos de la ciudad y 33 de extracción militar. Lo interesante del caso es que estos últimos, aunque recién llegados, lograron una empatía con los habitantes del pueblo.

"Anáhuac has de cuenta que es mi tierra, sigue siendo México, es para lo cual estamos trabajando, para todo el estado, para el país, el lugar donde nos manden, en ese lugar vamos a trabajar como es debido", afirmó el sargento Dorantes, un militar que vigila al municipio con uniforme de policía.

Lo siguiente fue aplicar la política de cero tolerancia. Después de las 10 de la noche no se permiten jóvenes en las esquinas. Los patrullajes de ex militares en uniforme policiaco son de 24 horas.

"Ha disminuido, tanto lo que son muertes por accidentes, lo que es delincuencia juvenil, ya que en la noche se les invita a los jóvenes a que se metan a sus domicilios, para evitar que caigan en manos de la delincuencia organizada", sostuvo Dorantes.

Para evitar la deserción, el municipio paga los gastos de alimentación y hospedaje que sus nuevos elementos generan.

De paso, la conformación de la policía municipal permitió que Fuerza Civil se abocara a otras labores, como la vigilancia en la carretera a Colombia.

Tan sólo en el trienio anterior, 53 mujeres oriundas del pueblo fueron reportadas desaparecidas. Nunca se supo de ellas.

Si bien reconocen que todavía se cometen delitos en Anáhuac, afirman que ya se aprecian negocios abiertos y aquellos que se autoexiliaron a causa de la inseguridad empiezan a regresar.

"Estimamos que la delincuencia ha disminuido un 90, 95 por ciento", apuntó Grande Barrera.

FOTO: Especial

LUIS GARCÍA