IRAM OVIEDO
27 de octubre de 2015 / 05:52 p.m.

Monterrey.- Cuando una víctima inocente muere durante una balacera en un ajuste de cuentas por cuestiones del crimen organizado en Nuevo León, las promesas de un gobernador o autoridades salen a relucir de inmediato, ofreciendo becas y apoyos para los hijos del o la occisa.

Sin embargo, pasa el tiempo y los hijos quedan ante un futuro incierto en cuanto a seguir con los estudios.

Aracely Martínez Rodríguez
, habitante de la colonia Moderna, tenía 43 años de edad, cuando cinco jóvenes fueron acribillados a balazos en calles de ese barrio el 17 de enero de 2011.

Antes de subir a su camioneta luego de haber salido de una tienda, también recibió un balazo por un grupo de civiles armados, ya que ella estuvo en la hora y lugar equivocados.

La señora Olga Rodríguez Martínez relata lo que pasó la tarde de ese día.

"Iba a subir a su camioneta, cuando de pronto llegaron varios jóvenes que eran perseguidos por civiles armados, los acribillaron y a mi hija le tocó una bala perdida y murió ahí", explicó.

Su hija Aracely laboraba como enfermera en la Secretaría de Salud, dejando en la orfandad a Alondra y Alexia, que en ese entonces tenían 11 y 13 años, respectivamente.

Hoy ellas estudian en la Facultad de Biología y la prepa 16 en la Universidad Autónoma de Nuevo León, pero no tienen el apoyo de las autoridades ni del Gobierno del Estado ni universitarias.

"Queremos becas para que mis nietas sigan estudiando, son excelentes porque tienen buenas calificaciones, sí nos ayudaron con los gastos funerales, pero hasta ahí luego ya no volvieron", señaló Rodríguez Martínez.

Tras la muerte de Aracely, una persona que era muy contenta, la alegría desapareció de la casa de su mamá, habitante de la colonia Futuro Nogalar, en San Nicolás de los Garza.

"Aquí podrán hacer fiesta pero yo ya no soy alegre, ya no tengo a mi hija y otro emigró a Estados Unidos por la misma tristeza, nada es igual, todo cambia", mencionó la señora.

Por lo pronto, se espera que el nuevo Gobierno de Nuevo León o el rector de la UANL que acaba de asumir el cargo, volteen a ver a estas dos estudiantes jóvenes hermanas, que lo único que requieren son becas para seguir triunfando en la vida, aunque sin su mamá, una víctima inocente de la delincuencia.