31 de enero de 2014 / 11:50 p.m.

Monterrey.- Para los Pequeños Contribuyentes la vida no es fácil.

Si fuera tan sólo la reforma fiscal la que le aumenta los impuestos, podrían solventarlo, pero cada nivel de gobierno, cada dependencia, les ha ido inventando y aumentando las contribuciones, al grado de que cada vez es más difícil sobrevivir.

Saúl González Álvarez vende mochilas en un local sobre la avenida Colegio Civil, y está consciente de que debe pagar impuestos.

"Esto viene desde la Biblia, darle a Dios lo que es de Dios, y al César lo que es del César, y creo que se debe pagar lo justo, porque se refleja en imagen municipal", dice este hombre de 59 años.

Pero pagar lo justo es difícil determinarlo, porque en el caso de los Repecos, nunca han sentido que sean bien tratados en la carga fiscal.

Don Saúl recuerda que un tiempo sólo pagaban una contribución fija, por ser Repecos, pero luego, tras una visita de personal de la Tesorería municipal, se la duplicaron, y le fue bien, porque a su vecino hoy le cobran tres veces más.

"Vinieron y me pidieron que actualizara mis datos, que les diera cifras de cuánto gastaba en luz, cuántos focos, qué compraba, y al poco tiempo, me cobraron el doble de contribución".

González Álvarez procura pagar como se lo piden, aunque a veces, sí lo considera injusto, reclama.

Así pasó con dos inspectores municipales quienes sin identificarse, quisieron multaron con una sanción de 101 cuotas de salario mínimo, por no tener contratado un servicio de recolección de basura.

"Les mostré un oficio sellado por el Municipio, donde constaba que yo no produzco basura, y me exentaron de eso. Pero aunque fui, y quise hablar con el director, me hicieron que pagara por un servicio que no uso".

Saúl González sólo vende mochilas, así que no hay basura. Tiene algunos papeles, periódicos, que envuelve en bolsas, para rellenar su mercancía y que se vea presentable y no se maltrate.

En fin, que todo le aumenta, excepto los clientes, que se van al comercio informal.

"Nosotros pagamos de todo, pero aquí en la calle, por Colegio Civil, hay muchos comerciantes que no pagan impuestos, que ensucian calles, y nadie les cobra", asegura.

La historia de este comerciante se repite en otros. Lamentablemente, dice González Álvarez, no hay un organismo que los apoye y los ayude a defenderse o encontrar mejores condiciones, y entonces se vuelven víctima de todos los impuestos y pagos.

Sin embargo, a estas alturas de la vida, lo menos que piensa es en cerrar su negocio, porque de ahí vive y le ha invertido muchos años.

Aunque a veces siente que se lo van a acabar a puros impuestos.

FRANCISCO ZÚÑIGA