FRANCISCO ZÚÑIGA
29 de diciembre de 2016 / 06:12 p.m.

MONTERREY.- Fue como el síndrome de Hulk.

De la completa calma, el policía Juan Carlos Calderón Robledo pasó a una ira incontrolable, que lo llevó a agredir a su compañera sin motivo aparente alguno, y luego a atrincherarse en una de las oficinas de Seguridad Pública de Monterrey.

Ahora, el policía enfrenta una investigación de Asuntos Internos de la corporación y otra del Ministerio Público por los delitos que le resulten en estos hechos ocurridos el pasado miércoles por la madrugada.

Lo que seguramente va a ser necesario es darle apoyo psicológico, pues al parecer el policía sufre efectos de un estrés por problemas familiares, según se desprende de lo que declaró posterior a los hechos.

No hubo motivo para el ataque. Según se reconstruyó el incidente, Calderón Robledo, de 33 años de edad y futuro padre de un bebé, se encontraba en una de las oficinas de la corporación, donde también estaba una mujer policía cuyo nombre se mantiene en reserva.

No medió palabra alguna, ni siquiera un insulto previo.

Inesperadamente el uniformado se abalanzó contra su compañera, la empujó y luego sacó el gas lacrimógeno que portan y con él le roció la cara y en general el cuerpo.

Con dificultad, sin ver por donde caminaba, y con el ardor intenso en su rostro, la mujer pudo escapar a la violencia del elementos policiaco, quien cerró la puerta y se negó a salir, evidentemente alterado.

Afortunadamente no portaba ningún arma, por lo que personal de la dependencia habló con él hasta que se calmó y aceptó salir sin más violencia. Ni él mismo se explicaba lo que pasó.

Sin embargo, eso no lo exime del castigo correspondiente, que determinará el Departamento de Asuntos Internos, una vez que la Procuraduría defina si hay delito o no que perseguir.