2 de junio de 2014 / 01:40 a.m.

Monterrey.- Una impactante enfermedad en su columna vertebral no ha impedido a un maestro dar clases en su primaria y además encabezar las coreografías de grupos de danza y la escolta.

Esta es la historia del profesor Pilar Eduardo Vega Chavarría. Tiene 55 años y en su mente no rondan, como muchas personas más, pensamientos de jubilación. Y es que la inactividad puede ser su peor enemigo.

El maestro Eduardo tiene más de 30 años de trabajar en una modesta primaria en Monterrey, donde no se conforma con impartir clases para alumnos de quinto grado. Es el encargado del grupo de danza folklórica y también de la escolta.

La gran diferencia es su condición: una enfermedad degenerativa de la columna vertebral que le obliga a mantenerse erguido como una flecha. Debe desplazarse apoyado en una andadera. Pero su mal va más allá de un problema de movilidad.

Cada vez que sube o baja de la camioneta de su hija es una situación que bordea en el drama. Imposibilitado para sentarse, debe ingresar al vehículo como si estuviera atado a una tabla. El respaldo debe estar recostado en su máxima inclinación y una cobija en el asiento es necesaria para ayudarle a nivelar su posición.

El padece de espondilitis anquilosante, una enfermedad que afecta, aproximadamente, a uno de cada mil habitantes. Cada caso es distinto, pero en situaciones extremas a los afectados prácticamente les quedan soldadas las vértebras de la espalda. Es como si la espina dorsal se le hubiera convertido en un rígido bambú.

En sus inicios en una remota escuela del estado de Tabasco comenzó con molestias. Un mal diagnóstico en su etapa temprana empeoró la situación.

Al regresar a Monterrey, a principios de los años ochentas, descubrieron su verdadera enfermedad, pero el daño ya estaba hecho.

Pero, más que un impedimento para dar clases, su condición se convirtió en un área de oportunidades para que sus alumnos comprendieran importantes lecciones.

Y los niños demuestran su aprendizaje cuando ayudan a su maestro a acomodarlo junto al escritorio.

La directora de la escuela Melba Rodríguez de Mayel dice que el profesor Eduardo va más allá de sus deberes.

Con sus movimientos limitados ¿cómo puede ser maestro de baile y de escolta? Aquí se apoya de un gran aliado: las redes sociales.

La inspectora Luz María Cepeda González expresa en pocas palabras lo que piensa del profesor Eduardo.

Los alumnos de la primaria Niños Héroes de la colonia Independencia en Monterrey participan activamente en las tareas encomendadas al maestro que, entre otras singularidades, imparte cursos de valores, y contra el bullying.

La actividad es vital para que el mal siga avanzando. ¿Cuánto tiempo seguirá impartiendo clases?

Ser maestro es, más que un oficio, una vocación. Para algunos un apostolado y en casos muy especiales hasta un sacrificio. Tal es el caso del maestro Pilar Eduardo Vega, sin duda, Maestro con Mayúsculas.

JOEL SAMPAYO