14 de julio de 2014 / 01:18 a.m.

Monterrey.- Desde hace años la industria ha impulsado a Puebla como la cuarta ciudad más grande del país, aunque entre sus callejuelas esconde secretos.

Y es que basta con acercarse al centro histórico para saber el porqué fue nombrado en 1987 como un patrimonio de la humanidad.

Se dice que los poblanos son muy persignados, pero más allá de por una creencia ideológica conservadora, es por los cientos de templos. Algunos tienen talavera en sus fachadas, otros tienen la inmensidad como Catedral, con las torres más grandes de una iglesia en América Latina.

Aunque en otros templos, como en la mayoría de las cosas, la verdadera belleza radica en el interior. En la Capilla del Rosario dentro de la iglesia de Santo Domingo, la frase de "no todo lo que brilla es oro" es una completa mentira, pues aquí sí lo es.

Pero no todas son iglesias. Puebla tiene su pasado bélico del cual son orgullosos. No por nada en este sitio se desató una de las batallas más grandes en la historia mexicana, y en la cual se cumple con el pie de la letra lo que dicta el himno nacional al señalar "un soldado en cada hijo te dio".

Puebla, la cuarta ciudad más importante de México, la de los volcanes y calles empedradas, la de industrias, sí, pero también la de artesanos, de comida increíble y la de una cultura y pasado incalculable. La de intensas lluvias pero cálidos atardeceres. La de gente increíble y pueblos mágicos que regresan en el tiempo, un tiempo al menos perdido para quienes se encuentran enclaustrados en una prisión oficinezca de cuatro paredes tapizada de escritorios y papeles por entregar.

FOTO: Notimex

ISRAEL SANTACRUZ