15 de julio de 2014 / 05:14 p.m.

Monterrey.- Por Nuevo León, la novena y penúltima estación en la ruta del migrante cruzan al año 12 mil centroamericanos, la mayoría llega sin un solo peso para continuar con el anhelado sueño americano. 

Eso los obliga a peregrinar por calles y avenidas.

Israel cuelga del hombro su mochila, apenas trae una playera y una chamarra; algunos artículos de higiene personal; y una cobija. Bajo la sombra de un árbol espera que caiga la noche para abordar el tren que lo llevará al último punto y el más peligroso de la ruta: Tamaulipas.

"Los países de nosotros son bastante pobres con poco trabajo y Estados Unidos tiene mucho trabajo y esa es la idea de viajar", sostiene al abordar las razones que lo llevaron a abandonar El Salvador.

"Todo se obtiene por medio del sacrificio, la lucha, el sufrimiento: dormir en las vías del tren y si es posible pedir hasta un taco", limpia su frente y asimila la realidad que enfrentó en Monterrey durante dos meses.

Como él, hay más indocumentados que son originarios de Honduras, Nicaragua y Guatemala; quienes subieron al tren denominado ‘La Bestia’ con un sueño que hoy llaman pesadilla.

Nicolás, a sus 36 años, regresa a la ruta del peligro por tercera ocasión. También es de El Salvador y conoció a Israel en la Casa del Migrante, ubicada en Guadalupe. Llegó a Nuevo León en tren y contó lo que observó en el trayecto.

"Se vienen subiendo vatos de aquí mismo de México que se juntan con maleantes de Centroamérica, de la misma raza, y ahí vienen poniendo, quitándoles feria, a las viejas manoseándolas y todo, esa bronca está cabrona allá abajo", considera.

Juan José, apenas tiene 19 años y es originario de Honduras. En su país no hay oportunidades laborales, por eso busca consagrar el viaje y llegar a Ohio, donde lo esperan familiares y amigos.

"Hoy en día está más peligroso te cobran impuestos en cada estación de tren, serían ocho estaciones pa' llegar aquí a Monterrey, haz de cuenta que son 800 dólares que están ahí porque te los quieren quitar o te los roban en el camino, te maltratan, te secuestran", indicó.

Camilo, apenas tiene un día en la ciudad. Su primer viaje a territorio estadunidense ya enfrentó un contratiempo. Su acompañante con quien salió desde Guatemala desapareció con los ahorros al llegar a Monterrey y ahora la incertidumbre de su futuro lo consume.

"El joven con el que iba, él conoce más y yo iba con él pero no sé donde está, no sé dónde está ni donde nos vamos a encontrar otra vez, pero con él iba", habló preocupado.

"En realidad a mi me depositaron dinero y él lo llevaba verdad, ahorita me quedé yo sin dinero y él lo llevaba, se lo llevó o lo agarraron no sé", sonrió con nervios y cruzó sus manos. 

Migrantes no son invasores

Para el presbítero, responsable de la Casa del Migrante Nicolás, Luis Eduardo Villarreal al migrante se le criminaliza porque se le concibe como un invasor, como un delincuente, falta mucho de sensibilización, de toma de conciencia para entender que la migración enriquece.

"El migrante solamente quiere descansar, quiere comer, quiere bañarse, lavar su ropa, quiere comunicarse con su familia y seguir adelante", añade el responsable de la Casa del Forastero Santa Martha, Jesús Garza Guerra.

Para Luis Gerardo Islas, delegado estatal del Instituto Nacional de Migración, los centroamericanos reconocen a la capital industrial de México como un espacio seguro, con ofertas de trabajo que pudiera ser un trampolín para alcanzar su meta.

"Algunos centroamericanos que conocen el Estado de Nuevo León, pues quizá la línea fronteriza imaginaria se ha recorrido y con frecuencia soliciten de manera legal y responsable soliciten una regulación migratoria para trabajar aquí", reconoció.

Foto: Archivo

JOSÉ PLATA | @pepeplata