MARCELA PERALES @marce_reportera
30 de enero de 2017 / 08:38 a.m.

MONTERREY.- Juan Gabriel, Vicente Fernández, Lola Beltrán… usted los conoce muy bien, ellos tienen y tenían algo en común... el mismo sastre, Concepción Alejo Aguilera.

Él también confeccionó algunos trajes del ex presidente de México Miguel de la Madrid, aunque bueno, a este político, le quemó un pantalón.

“Hasta el hambre se me quitó, me fui al centro mercantil, a las tiendas de había de casimires”.

“Se lo hicimos nuevecito en tres horas, se lo entregué, se lo puso, le quedó perfectamente bien y ni cuenta se dio”, recuerda riéndose.

Don Alejo tiene 72 años y 64 de ser sastre, es uno de los 14 que todavía existen en Monterrey.

Con nostalgia y con el amor que le tiene a su oficio, aún recuerda los tiempos de bonanza, aquellos años en que su trabajo era valorado por las personas.

“Había demasiado trabajo, había muy pocas marcas de trajes, empezaron a venir de una marca y de otra, había muy pocas marcas de traje y toda la gente se mandaba a hacer la ropa a su medida”, dijo.

“Yo haciendo una ropa tengo una gran satisfacción, cuando se ponen la prenda y que le quede bien, respiro agusto”, mencionó.

El trabajo de Don Alejo es digno de reconocerse, pero es un oficio en extinción porque las nuevas generaciones ya no están dispuestas a aprender este tipo de oficios.

Los oficios tradicionales tienen 200 años de existir en Nuevo León y hoy en día se encuentran en extinción.

A decir de Patricio González, psicólogo laboral, es la presión social, lo que hace que los jóvenes pierdan interés en aprender el trabajo artesanal.

“Si la sociedad me está indicando que el día de mañana tienes que ser licenciado, tienes que ser ingeniero para poder ser alguien”.

“Al final dices, el oficio al que se dedicó mi abuelo, mi bisabuelo, mi padre, no me va a dejar ser lo que la sociedad dice que tengo que ser, pues mejor lo evito”, explicó el psicólogo Patricio González.

La socióloga Lylia Palacios ha investigado el tema y señala que el consumismo y la industrialización son otros factores.

“Un consumismo que nos está volviendo cada vez más… creyéndonos únicos terminamos comprando lo que se produce por millones”, dijo.

“El desarrollo tecnológico los va desplazando y los va convirtiendo en especialidades ya muy ubicadas por sector económico”, señaló.

Sin embargo, el consumismo también ha logrado que las personas crean más en una marca, que en la calidad de la artesanía.

"Sin marca, ni nada, pero con un buen forro".

Don Alejo está consciente de esto, aún así, morirá amando lo que hace...

“Lo que tengo pensado, me voy a morir siendo sastre”.