FRANCISCO ZÚÑIGA
31 de julio de 2015 / 07:30 p.m.

Monterrey.- En el ultimo día previo a la inauguración, todo fue actividad en torno al nuevo estadio de los Rayados.

Más de dos mil jugadores hacían sus mejores gambetas laborales para dejar todo listo antes de las seis de la tarde, de modo que quedará digno de la visita de un presidente.

Desde principio de semana se dijo que todo estaba listo, y sólo detalles faltaban. En el último día, a simple vista, parecían demasiados detalles, pero la diligencia con que todos trabajaban estuvo a la altura de la necesidad.

Montones de tierra y escombro esperaban a ser recogidos o esparcidos en el tramo de la avenida Pablo Livas.

Un pequeño comando de soldadores daban los últimos toques al puente peatonal por el que cruzarán los miles de fanáticos que llegarán en camión urbano hasta las inmediaciones del Estadio.

Más allá, en el otro extremo, los constructores colocaban los últimos mosaicos al piso del corredor peatonal que da acceso al coso deportivo.

Los ayudantes corrían con los barandales que se colocarían en el murete de contención, a fin de evitar accidentes con algún aficionado demasiado achispado.

También las jardineras se quedaron pendientes, pero ya habrá tiempo cuando pase la fiesta.

La intensa actividad no aflojó el tráfico vehícular por la zona. Ni de los visitantes que llegaba a tomarse la foto o la selfie en el nuevo estadio.

Un grupo de jóvenes que pasó en camión se pusieron a cantar el himno de los rayados, mientras muchos otros se lamentaban de que no podrán estar en la gran fiesta, porque no tienen ni abono ni boleto... Pero al menos se tomaron la foto.