Liliana Cavazos y Gustavo Mendoza Lemus
11 de septiembre de 2015 / 06:58 p.m.

MONTERREY.- Viernes 11 de septiembre de 2015. La carga de una camioneta estaquita son mesas y sillas forradas de vinil morado y verde menta. Inconfundibles: las del Café Nuevo Brasil. Se están llevando todo.

Cargan también la rocola, y la cocina de Toñita. Ahí, en el desalojo está Moani Compean, quien hasta este viernes fuera el dueño del tradicional café que se apostaba en la calle Zaragoza casi esquina con Washington. Pero ya nada que hacer.

Los dueños del inmueble reclaman un adeudo de 250 mil pesos. Días atrás, Compean, con el apoyo de conocidas figuras como Celso Piña y Liliana Flores Benavides, vislumbraban la posibilidad de realizar una subasta de arte el próximo 15 de septiembre para conseguir recursos como parte del proyecto de rescate del merendero-bar.

Vista del Café
El Café Nuevo Brasil comenzó en 1956. | ESPECIAL

El plan de rescate iba más allá, de que una palomilla de amigos apoyaran al camarada administrador del negocio, sino en mantener las puertas abiertas de un lugar merendero tradicional desde 1956, y, que desde finales de los ochentas y principios de los noventas se convirtió en el refugio regio de trovadores, escritores, periodistas, fotógrafos, artistas plásticos, del teatro y destacadas figuras de la izquierda mexicana.

Vista del Café Nuevo Brasil
El Café se encontraba sobre la calle Zaragoza, cerca del Antigüo Palacio Federal en el Centro de Monterrey. | ESPECIAL

Las tertulias eran largas. Los debates seguidos por la rocola, café con leche y cervezas Victoria.

Paredes atiborradas de fotografías en sepia y en blanco y negro: el Cerro de la Silla, la Macroplaza, las viejas calles del viejo Monterrey. En la pared de la cocina más postales. Moani con Bunbury, con Celso, con Sabina, con López Obrador, con Cuauhtémoc Cárdenas.

Moani Compean Café Nuevo Brasil
La visita de Cuauhtémoc Cárdenas como precandidato a la presidencia de la República. | ESPECIAL

Los baños estrechos y siempre malos, decían seguido los comensales. Es parte del Brasil. En el salón contiguo un minúsculo escenario, alcoba de itinerantes exposiciones: Jaime Flores con sus luchadores de colores primarios, Daniel Abad y sus cachitos de Cuba, los moneros de Geroca, de Pedro Valtierra, Sergio Flores, Polo Jasso, Erick Estrada. Los montajes del maestro Paco Cifuentes y la guitarra de Pablo Montelongo.

Fue escenario de las grabaciones de Taller Abierto con Gerardo López Moya, y de los primeros encuentros de jazz en Monterrey.

Covacha de la izquierda, siempre pequeña de Monterrey: ahí se reunían los ferrocarrileros hace 40 años para reforzar su pliego petitorio y los universitarios del movimiento estudiantil del 73. Más tarde abrió sus puertas a Cuauhtémoc Cárdenas. Convergieron Andrés Manuel López Obrador y Elena Poniatowska.

El menú simple del Café Nuevo Brasil. | ESPECIAL
El menú simple del Café Nuevo Brasil. | ESPECIAL

Por las mañanas huevos norteños, machacado o chilaquiles, todo con sus frijoles refritos y salsa roja. Para la comida cortadillo, chiles rellenos, milanesa de pollo o de res, con su arrocito y de postre un flan o arroz con leche. Para las noches un burrito o las tostadas de desebrada. Era un menú básico, austero, sin decoros, propio de la región, barato, rico y llenador.

Sabina encabezaba la lista de soundtracks, pero todo sonaba ahí, desde Pink Floyd hasta Amie Winehouse, desde The Beatles hasta Coldplay. Vickys, leones, mezcales y tequilas.

El famoso vitral del Café Nuevo Brasil. | ESPECIAL
El famoso vitral del Café Nuevo Brasil. | ESPECIAL

Los comensales eran un cóctel de ideologías, gustos y preferencias. A la misma mesa se sentaban los editores sin preguntarse para que medio escribían. Al final del día, todos, quienes pasaron bajo el marco de esa puerta tenían algo en común: voltearon a ver a detalle el vitral que advertía lo que adentro, alguna vez ocurrió: El Quijote dándole un sorbo a su café, Batman y Robin compartiendo malteada, Santa Claus con sus renos, Joaquín Sabina al fondo, Pancho Villa por ahí, Cárdenas en la televisión y el sub-comandante Marcos con su pipa.

En 2007 el crimen organizado asestó contra los establecimientos de Monterrey su metropoli. Ya sea de forma directa con cobro de piso, o indirecta por el temor ciudadano a salir de noche. El merendero-bar tomó medidas: dejó de abrir 24 horas. Luego cada vez menos comensales. De a poco se apagaba.