SYNDY GARCÍA
11 de julio de 2016 / 12:51 p.m.

Monterrey.- Para donar óvulos se requiere voluntad, tiempo y abrir las piernas al menos unas cinco veces durante el procedimiento, que en total puede llegar a durar más de un mes.

La información sobre cómo donar células sexuales esta vez no estuvo al alcance del teléfono. Para obtener los datos, se tuvo que acudir a un centro de fertilidad en un sector exclusivo del sur de Monterrey.

A cambio de la información, la recepcionista solicitó llenar con datos personales un formulario, sacó copias a la credencial de elector y pidió una firma en un aviso de privacidad.

Mientras se esperaban los datos, una pareja de extranjeros pagaba su tratamiento y otras tres aguardaban su turno.

Minutos después llega una enfermera, y sin saber que soy reportera, me pasa a un consultorio y limpia el polvo de la computadora. Luego de varias preguntas sobre mi salud, voltea el monitor y abre una presentación de PowerPoint para explicar el procedimiento.

Atenta en la silla, comienzo a escuchar los riesgos y ventajas de la donación de óvulos.

La enfermera admite que según la ley, la donación de óvulos debe ser anónima y altruista, pero conforme avanza la explicación detalla que, en caso de ser candidata, por el tiempo brindado se puede recibir una "compensación económica" de unos 7 mil pesos.

Sin embargo, advierte que se necesita que las donadoras sean sometidas a un proceso de selección que incluye exámenes médicos y psicológicos, así como un tratamiento de medicamento inyectado por 15 días. En caso de ser candidata, puede llegar a una fase final de aspirar los óvulos mientras la paciente se encuentra sedada.

El propósito del medicamento inyectado, dice, es madurar los óvulos, estimularlos y hacerlos crecer. En caso de que la paciente se someta al procedimiento, se deberá abstener de hacer ejercicio o esfuerzo, debido a que se puede generar una torcedura de trompas de Falopio, lo cual posteriormente requeriría una cirugía para solucionarlo.

Pese a toda la explicación, al ver mi expresión facial dice: "pero no te preocupes, no tengas miedo".

Quienes pueden prescindir de estas células sexuales para ser aprovechadas por centros de fertilidad, me explica la enfermera, son mujeres de entre 18 a 30 años en buen estado de salud física y mental.

Añade que aunque parte de los óvulos pueden ser aspirados, las mujeres todavía se pueden embarazar; sin embargo, aclara que las células sexuales no se regeneran.

Asumiendo que me sometería al procedimiento, la enfermera me envió a ponerme una bata desechable para someterme a un estudio del interior del útero.

Una vez recostada, me pidió por primera ocasión abrir las piernas e introdujo a mi matriz un aparato de unos 20 centímetros con una cámara redonda en la punta. Su objetivo era contar los óvulos para saber si podía ser una donadora.

Toma varias veces el monitor y me lo muestra. "Aquí los tienes, cuéntalos", me pide. Hay seis del lado derecho y unos nueve del lado izquierdo, lo cual hizo que la enfermera se interesara más en la donación.

Luego de varios minutos después, el incómodo y molesto estudio terminó.

Debido a que el procedimiento tiene que comenzar en los primeros tres días de la menstruación, me entregó una tarjeta con los datos de un doctor y de la enfermera para que llegado el día me comunicara de inmediato. Además de los datos personales del médico, la tarjeta porta la leyenda: "Bajamos estrellas del cielo".

Con una sonrisa agradeció mi visita y reiteró: "Aquí te esperamos".

A la salir, la sala de espera estaba repleta; los rostros de quienes ahí aguardaban su turno eran, en su mayoría, de extranjeros.