FRANCISCO ZUÑIGA 
7 de mayo de 2017 / 05:00 p.m.

MONTERREY.- El norte de la ciudad es tierra de nadie.

En el día, es común ver a jóvenes drogándose mientras caminan entre la gente de los mercados, y por las noches, salir a las calles es arriesgarse a ser asaltado o quedar en medio de una de las tantas batallas campales que se viven a diario.

Pero lo peor es la delincuencia. Se roban todo, hasta la gasolina de los carros.

El nombre de la colonia puede ser San Bernabé, Fomerrey 35, CROC, o cualquiera de las que están al noroeste del Municipio de Monterrey.

Los vecinos narran historias de terror cuando las pandillas se apedrean y ellos se esconden en sus casas, rezando para que no caiga una piedra en sus casas, o para que a nadie se le ocurra sacar una pistola y disparar sin dirección.

Allá no hay ley. Hace unos días, quemaron dos autos porque sus conductores quisieron pasar entre un sinnúmero de gente que hacía un baile en la calle. Todos vieron, nadie sabe, pero todos cuentan que la gente se enojó porque los querían atropellar. Y se tomaron su propia justicia.

Porque allá sólo prevalece la ley del más fuerte... o del más desalmado.

Hay policías, sí, pero siempre llegan cuando todo acabó, dicen los vecinos.

Y así, es imposible vivir tranquilo.