28 de octubre de 2014 / 04:33 p.m.

Monterrey.- Pese a que la cifra de armamento en policías va en aumento, también las restricciones para usarlas suben

Protocolos marcan que sacar la pistola es siempre el último recurso, y cada bala debe justificarse plenamente.

Mientras el poder de fuego en las policías se ha incrementado, los controles sobre el uso que se le da a ese armamento han ido a la par.

Por ello, los elementos antes de salir a la calle, pasan horas en clases y deben acreditar numerosas pruebas. La regla de oro es simple: el arma sólo se saca en el último de los casos, cuando su vida corra riesgo.

Cada vez las policías están mejores armadas, hay más situaciones de riesgo, pero menos margen de maniobra para utilizarlas. Ante esta realidad, los cursos en derechos humanos, pero sobre todo la pericia del elemento, determinan si un incidente acaba en una detención de rutina o en una escena con balas de por medio.

Los policías estiman que en el 70 por ciento de los casos las personas responden a los comandos verbales que les indican frenar su vehículo o atender cualquier requerimiento oficial. Para el otro 30 por ciento se utiliza el sometimiento físico.

Pero en los tiempos actuales, tener un arma en la cintura puede representar un seguro de vida para los uniformados.

El simple hecho de desenfundar debe justificarse en un reporte. Si un policía lo hace sin razón, recibe un castigo. No importa que tan riesgo haya estado su vida: cada bala que se haya detonado, debe tener una explicación oficial.

FOTO: Especial

LUIS GARCÍA