JOEL SAMPAYO
7 de enero de 2017 / 08:31 p.m.

SANTIAGO.- El termómetro jugueteaba al sube y baja en torno al punto de congelación y las aguas de la cascada cola de caballo se convertían en una danzarina nube de vapor. La mañana del sábado 7 de enero del 2017 prometía postales invernales.

Atraídos por la promesa de hielo, nieve o cuando menos la emocionante sensación de frío, centenares de aventureros de lanzaron en vehículos todo terreno y poco protección sobre los sinuosos caminos de la carretera a laguna de Sánchez, en Santiago, Nuevo León. Y es que la recompensa visual sería breve y había que aprovechar ante la presencia de un sol que se abría paso entre la neblina.

Pero la nieve anhelada no llegó, aunque sí una multitud de estampas de pinos, oyameles, encinos y matorrales cubiertos por delgadas capaz de hielo que se encargaron de dar un matiz evocador.

A la distancia, el panorama blanquecino invitaba a la tranquilidad y aunque para los invasores humanos el frío mantenía apretados los dientes, allá, guarecidos en el bosque, los residentes cantaban alegres su canto de libertad.

La naturaleza de nuevo otorgaba espacios de recreo a una comunidad fastidiada por la rutina o la andanada de acontecimientos que rompen la tranquilidad a la que todos añoramos.

Vendrán nuevos fríos y más oportunidades de contemplar las blanquecinas montañas que arecen compartirnos su paz