MAYTE VILLASANA
8 de septiembre de 2014 / 01:00 p.m.

MONTERREY.- Es la tercera llamada y las palmas de 155 espectadores se agitan velozmente. Las pupilas de los asistentes se dilatan con los enormes cañones de las luces de neón y más de uno grita con firmeza.

"Lo que para un circo siempre será la más hermoso: sus animales", anuncia una voz que sale detrás de bambalinas y aparece Alberto Saenz en compañía de cuatro caballos miniatura; lucen limpios y tranquilos y sólo se mueven al compás del rojo látigo de su domador. Pero antes de salir a escena deberán pasar todo el día juntos en un corral de 3x4 metros y compartir el alimento.

Para ingresar al Circo Kenya, que a finales de agosto estuvo en Benito Juárez y Santa Cruz, en Guadalupe, una mujer robusta ofrece 'mejores precios' por un lugar 'especial' en el área de palco, con la única condición de no mencionarlo en la taquilla. Luego, cuando las familias ingresan a la carpa, otro un joven otorga la bienvenida y hace la misma 'oferta' que la mujer: 'un mejor lugar' por 50 pesos 'extra'.

Una vez sumergidos en el espectáculo, el deleite es para todos. Los niños se sorprenden con los perritos bailarines, las madres de familia con la copia de Pimpinela y los caballeros con los sexys movimientos de la chica hula-hula.

Afuera del recinto, tres tigres, dos cebras, dos dromedarios, dos panteras, un macaco y un puma, tienen que esperar su turno para salir a escena. Pero no todos son afortunados y deben mantenerse quietos en pequeñas jaulas individuales de dos metros cuadrados, sin oportunidad de estirar sus extremidades.

Aunque estos animales soportan las altas temperaturas en su lugar de origen, se tienen que adaptar aviajar en caravana, al cautiverio, y hasta las condiciones climatológicas de los estados que visitan.

Vistazo al circo; tigres y jaulas, ponis y látigos

Entre los artistas que se presentan en este lugar se encuentra un joven de origen asiático que se avalancha de un lado a otro haciendo movimientos aéreos desde lo más alto del escenario.

A la hora del intermedio, los 25 integrantes del staff lucen su mejor sonrisa y pasan de área en área ofreciendo sus productos. Manzanas con chile, globos, salchichas empanizadas, narices de payaso, palomitas, espadas con luces integradas, algodones de azúcar, juegos para hacer bromas, papas fritas y hasta abanicos y sombrillas chinas, todos ofreciendo su mayor apuesta.

Vistazo al circo; tigres y jaulas, ponis y látigos

Los que no ingresan al circo y deciden abordar el camión en el cruce, donde se encuentra la función, admiran a las especies, traídas de todo el mundo, pero no se sorprenden al ver la situación de los felinos, dos por uno en la misma rejilla que resguarda sus enormes garras.

La carpa, sus colores y sus artistas internacionales enloquecen a sus espectadores, pero ellos insisten en que sus animales, esos que por sacar una sonrisa a más de un niño y quienes tuvieron que salir de su hábitat, son su atracción principal.