21 de junio de 2014 / 07:49 p.m.

Monterrey.-  Pájaro no deja de sonreír, sostiene un cigarro en sus dedos pero no lo enciende. Esta sentado en la banca de la entrada de 'La Tumba Musicantro Cultubar', un centro nocturno que está en la calle Padre Mier, en el Barrio Antiguo.

Se nota cansado. Recién consiguió presupuesto para contratar un par de empleados más en el bar. El empresario que gusta vestirse de colores claros se llama Sergio Treviño, dato que no muchos saben, al igual que la estrategia que implementó para que 'La Tumba' no muriera durante la ola de violencia en Nuevo León por el crimen organizado.

"Aquí viví", dice antes de dar un sorbo al café, y recuerda que en 2007 bajó la actividad económica en los antros del Barrio Antiguo, "muchos cerraron", explica.

"La gente ya no salía de su casa. Había días que acudían 12 personas al bar y éramos 14 los músicos que estábamos amenizando, no sabía ni como le hacíamos para pagarles, porque no había dinero", dice.

La Tumba no fue la excepción, poco a poco la asistencia bajaba, el bar ya no se llenaba y los ingresos fueron de a menos hasta convertirse en deudas y con ello medidas drásticas como dejar de pagar la renta de una casa, mudarse al  bar y recortar la plantilla de empleados.

"Era una escalada para abajo, menos músicos, menos todo. Llegó un momento que tuve que dejar de rentar el departamento donde vivía y mejor nos venimos a vivir aquí al bar", recuerda Pájaro quien en los últimos dos años tuvo como casa un bar al borde de la quiebra.

Sergio y su familia dormían en colchones inflables, compraron varios porque se desinflaban hasta que decidieron 'hacer tendidos' y dormir en las sillas y mesas, todo con la intención de ahorrar.

Con apoyo de amigos "que apostaron a un proyecto que no sabían si funcionaria" La Tumba mantuvo sus puertas abiertas.  

Aunque ya comenzaron su "reencarnación", como lo llama Sergio, la economía del bar aún –asegura- está lejos de los años mozos del Barrio Antiguo.

FOTO: Rubí Leija

RUBÍ LEIJA