24 de agosto de 2014 / 09:29 p.m.

Monterrey.- Es sábado y no hay clases ni trabajo, hoy es para descansar, levantarse tarde y dedicarlo a la diversión, pero Fabiola Gómez prefiere sacrificarlo todo por los demás. Tiene 15 años, y estudia la preparatoria en el Instituto Fleming de Guadalupe. La tarde del sábado debía acudir a varios compromisos con su familia, pero prefirió levantarse desde las siete de la mañana, tomar un camión hasta la parroquia de Nuestra Señora de San Juan de los Lagos, y de ahí partir a las instalaciones de Cáritas en Monterrey para prestar sus manos, su esfuerzo y su tiempo para la recolección de víveres para los habitantes de La Fragua, El Mexiquito, Santa Isabel, Hacienda Dolores, Pueblo Nuevo, Tepeguaje y Soledad Herrera de Cadereyta, quienes desde hace varios días han resentido las consecuencias del derrame de petróleo de la refinería de Pemex ubicada en aquel municipio.

"Fabi", como le dicen sus compañeros, se limpia el sudor mientras carga una despensa que minutos antes un grupo de voluntarias de la tercera edad armaron con los alimentos donados por los regios. A pesar de los obstáculos, brinca hasta uno de los camiones en donde se juntan los alimentos para más tarde ser entregados.

"Nos duele que nosotros estamos tranquilos y ellos allá sufriendo", dice con una mano en el pecho y en la otra un garrafón de agua que acomoda en el camión.Conmovida por lo que sucede con los habitantes de Cadereyta, Fabi aguanta los más de 30 grados bajo el sol y corre de inmediato cada que arriba un vehículo con víveres. No espera que la llamen, llega directo a abrir la cajuela y sean 10 ó 20 botellas de agua; un kilo o un costal de frijol, ella lo carga y acomoda donde debe.

Por fin el tránsito calmó un poco y Fabi aprovecha para sentarse bajo la sombra de una escalera y tomar un poco de agua.Esta no es la primera vez que la catástrofe una a los jóvenes de la parroquia San Juan de los Lagos. En el 2010 prestaron su servicio para ayudar a los afectados por el Huracán Alex a reubicarse en un lugar más seguro.

Fabi lo recuerda como si hubiera sido ayer "estuvimos ayudando a las personas que no tenían recursos o con algún impedimento para que pudieran refugiarse en otro lugar que no fuera sus casas en peligro de derrumbe por las fuertes lluvias". Sin embargo, el desastre ecológico ocurrido en Cadereyta la deja casi al borde del llanto."Me enteré de lo que pasó, viendo Telediario, ahí dijeron que había una fuga de petróleo, después me hablaron para venir aquí y con mucho gusto dije que sí. Estoy muy impresionada porque esto que pasa le ha hecho daño a las personas y hasta a animales que les sirven para comer, están muriendo por la contaminación del petróleo, por eso tenemos que ayudar", comenta visiblemente conmovida.

Fabi no alcanzó a estar con su familia, pero aquí se divierte con sus hermanos y hermanas de parroquia; no tuvo un almuerzo en el comedor de su casa, pero compartió con sus compañeros una botana que compró en la tienda; no puede ver sus programas favoritos, pero observa las sonrisas de alegría de los trabajadores de Cáritas cuando llega más ayuda; no ayudó a su madre con las labores domésticas, pero se sumó a los esfuerzos para ayudar a las familias afectadas. Ella cree en el altruismo como la solución a muchos problemas de a humanidad e invita a los que se están en casa pasando un día como cualquier otro a que por un momento se 'pongan en los zapatos de los otros'.

"Ojalá muchos más se sumen a esta causa, que se den cuenta que en realidad las personas lo necesitan y que se pongan en el lugar de la gente de Cadereyta que están pasando por esto, pónganse en sus zapatos, ¿qué harían? quisieran que les ayudaran, entonces hay que ayudar aunque sea con un litro de agua", dijo.

FOTO: Jesús Rocha

ADRIANA DÁVILA