12 de marzo de 2014 / 03:48 a.m.

Monterrey.- La crítica en Telediario Matutino fue directa. Y es que no había otra forma de describir las desastrosas condiciones de la avenida Aztlán, que de acuerdo a los vecinos, en el tramo de Rangel Frías a los talleres del Metro, han padecido de baches, raspones, desniveles y todo tipo de estropicios durante los últimos tres meses.

Tan terribles estaban los pozos que los conductores de camiones urbanos y motociclistas preferían treparse a la banqueta antes de correr el riesgo de perder una llanta, y luego andar penando en tres talleres para suplicar que les dieran los presupuestos por escrito que exige el departamento Jurídico del Municipio de Monterrey antes de recibir cualquier reclamo de reparación de daño.

La denuncia provocó una rápida reacción. Apenas quince minutos después de mostrar los vergonzantes baches, surgieron, como por arte de magia, decenas de trafitambos, esos barriles anaranjados que abanderan obras viales, que se colocaron como boyas en un campo minado por una superficie de rodamiento convertida en pista para competencias de vehículo todo terreno.

Pero ahí no quedó todo. De pronto, como si salieran de los mismos baches, aparecieron trabajadores, aplanadoras, retroexcavadoras y coordinadores para suturar las grotescas cicatrices del eje vial Poniente Oriente que es paralelo a la línea 1 del Metro.

Y así, como duendecitos convertidos en zapateros remendones, rellenaron de chapopote y asfalto un tramo de 200 metros, mientras llegan otras cuadrillas, para esparcir nueva carpeta a la cacariza avenida.

Algunos conductores celebraron, y quizá los clones de duendecitos se quedaron murmurando. Esa frasecita tan conocida... "Pos ay se va".

JOEL SAMPAYO