MILENIO DIGITAL | JESÚS BADILLO
27 de octubre de 2015 / 09:03 a.m.

Ciudad de México.- Son 13 meses desde que Aldo Gutiérrez está sumergido en un sueño profundo en una cama de hospital. Está en coma desde que una bala le atravesó el cráneo la noche en que 43 normalistas de Ayotzinapa desaparecieron y seis personas más murieron. Aunque para algunos el número 13 es de mala suerte, para la familia de Aldo significa esperanza.

Ayer llegaron los doctores Calixto Machado, del Instituto de Neurología y Neurocirugía de Cuba, y el neurólogo costarricense, Mauricio Chinchilla, a la Ciudad de México para realizar una nueva valoración del estado de salud del normalista, después de que neurólogos mexicanos le diagnosticaron un daño en el 65 por ciento de su cerebro.

"Es una esperanza. Ora sí vamos a creer que realmente está muy afectado o si hay una posibilidad de vida. Eso es lo que estamos esperando exactamente: que haya una respuesta favorable hacia nosotros", dijo Leonel Gutiérrez, hermano de Aldo.

En entrevista telefónica, explicó que pidieron la atención de un médico extranjero desde que su hermano entró en coma, porque el pronóstico de los doctores mexicanos no era favorable.

"Hace como unos seis meses (los médicos en México) nos dijeron que (Aldo) no tenía solución, que estaba muy dañado (su cerebro) de 65 por ciento, era muy difícil que su recuperación fuera normal y si reaccionaba iba a estar en estado vegetal", recordó.

Su hermano Ulises se encargó de contactar al neurólogo cubano. "Se metía a internet para ver al neurólogo especialista. Le dio confianza este médico, le dijo si podía venir a checarlo y aceptó".

Posteriormente se reunieron un grupo de especialistas en neurología, los padres de Aldo e integrantes de la Comisión Ejecutiva de Atención a Víctimas y acordaron traer al médico cubano para emitir una opinión adicional sobre el estado del normalista.

"Como familiares se pidió que se agilizara el asunto del neurólogo cubano. Desde que cayó (Aldo) lo pedimos. Que lo valorara un médico extranjero para poder creer que nos estaban diciendo la verdad o que nos estaban diciendo mentiras", dijo.

La llegada de los nuevos médicos trae esperanza, pero también hay temor de que la ilusión que han mantenido durante 13 meses, acabe.

"Nos sentimos tristes y nerviosos por lo que nos vayan a decir (los médicos extranjeros), si hay respuesta o no".