MILENIO DIGITAL
24 de octubre de 2016 / 08:49 a.m.

MÉXICO.- El lunes 3 de junio de 2013 Nicolás Mendoza Villa, miembro del Frente de Unidad Popular (FUP) de Guerrero, logró escapar de un levantón ordenado por el entonces alcalde de Iguala, José Luis Abarca. El plagio contra él y siete personas más había sido perpetrado el jueves 30 de mayo por el jefe policial del municipio, Felipe Flores Velázquez, acusado un año y tres meses después de haber entregado a 43 estudiantes de Ayotzinapa a sicarios del cártel Guerreros Unidos la noche del 26 de septiembre de 2014.

Tal como MILENIO dio a conocer el 10 de octubre de 2014, 14 días después de la desaparición de los normalistas (información que se reseña a continuación), Nicolás fue una de las personas que desde 2013 hizo acusaciones por homicidio contra el jefe policial y el alcalde, señalamientos que en aquella época no fueron suficientes para los gobiernos estatal y federal: nunca procedieron contra ambos servidores públicos hasta que ocurrió la tragedia de Iguala.

Nicolás era chofer de Arturo Hernández Cardona, líder del FUP. El 25 de junio de 2013, 22 días después de que escapara de aquel levantón, se atrevió a dar su testimonio en la notaría 47 del Distrito Federal, ante Alfredo Miguel Morán Miguel. El 12 de marzo de 2014 repitió y amplió sus dichos ante el agente Miguel Ángel Cuevas Aparicio, adscrito a la Dirección General de Control de Averiguaciones Previas de la Procuraduría General de Justicia de Guerrero. En la averiguación previa HID/SC/010758/2013, Nicolás narró con detalle lo ocurrido aquellos días: el alcalde Abarca asesinó a su jefe, Hernández Cardona, con la complicidad de Felipe Flores.

De acuerdo con la declaración de Nicolás Mendoza Villa, el alcalde además ordenó la muerte de Félix Rafael Balderas Román y Ángel Román Ramírez (también miembros del FUP levantados en aquel episodio), e instruyó para que fueran torturados otros miembros de su organización.

Mendoza Villa aseguró que el 29 de mayo de 2013 el alcalde amenazó a Hernández Cardona en las oficinas del ayuntamiento de Iguala frente a siete miembros del FUP, la esposa de Arturo, así como síndicos, regidores y dos representantes del gobierno estatal.

“¡Ya me tienes hasta la chingada, pendejo, tengo gente que me hace mis trabajos!”, le habría dicho el alcalde al líder de la FUP luego de negarse a firmar acuerdos de desarrollo social con dicha agrupación. El presidente municipal estaba acompañado de dos sujetos armados, uno de los cuales espetó: “Mándalo a la chingada, de todas maneras se lo va a cargar la chingada”.

Un día después, el jueves 30, luego de una jornada en la que los miembros del FUP bloquearon la caseta de Puente de Ixtla, poco después de las 17 horas siete de ellos viajaban en una camioneta Honda Pilot rumbo al centro de Iguala y fueron interceptados por un comando que se transportaba en dos vehículos: una camioneta Explorer y una Jeep Cherokee. Intentaron bajarse y huir, pero fue imposible.

Transcurrió alrededor de media hora y los vehículos tomaron un camino de terracería. De pronto se detuvieron en una brecha y obligaron a sus detenidos a caminar alrededor de 300 metros hacia arriba, hacia el monte. Ahí había más sicarios (eso pensó Nicolás, que eran criminales) que se transportaban en otro vehículo diferente. Llegaron a unos matorrales espinosos. Según el declarante, varios de ellos mencionaron varias veces que pertenecían al cártel de Guerreros Unidos. Les vendaron los ojos. De pronto se acercó un hombre y dijo: “A ver, bola de revoltosos, a ver si de veras muy chingones, que andan pintarrajeando mi ayuntamiento”.

Nicolás afirma que al de la voz lo reconoció de inmediato: era el jefe de la policía de Iguala, Felipe Flores Velázquez. Más tarde, ya de noche, les quitaron las vendas y los golpearon y torturaron con un látigo de alambre y una tabla en forma de paleta. Luego los amarraron de pies y manos. Dos de los criminales escavaron la tierra para hacer una fosa. Alrededor de la medianoche arribó al lugar el presidente municipal, Abarca, quien ordenó una nueva sesión de tortura. Al final, el alcalde se dirigió hacia Arturo Hernández Cardona:

“Qué tanto estás chingando con el abono y te dabas el gusto de pintar mi ayuntamiento. Ahora yo me voy a dar el gusto de matarte”.

El jefe policial, Felipe Flores, levantó del piso al líder de la FUP y lo condujo al lado de la fosa recién escavada, junto a unos árboles. El alcalde le puso el cañón de un arma larga junto a la mejilla, del lado izquierdo. Y jaló el gatillo.

Hernández Cardona cayó al lado de la fosa. Uno de los sicarios lo empujó hacia el hoyo. Felipe Flores aconsejó a su jefe, al alcalde: “Métele otro putazo para que se lo lleve la chingada, porque ya va a llover”.

Abarca apuntó su arma hacia la fosa y volvió a disparar.

Eso contó en su declaración ministerial Nicolás.

Empezó a llover. No taparon la fosa, que se llenó de agua. Luego los sicarios (o delincuentes con placa) también mataron a Félix Rafael Banderas Román y lo echaron a la misma fosa.

Al día siguiente por la madrugada él y tres personas más que también estaban cautivas huyeron en circunstancias no aclaradas.