MILENIO DIGITAL | BLANCA VALADEZ
10 de agosto de 2015 / 05:04 p.m.

MÉXICO.- En baños, fiestas o casas de amigos, adolescentes mexicanos juegan a la ruleta, carrusel o al semáforo que consisten en tener relaciones sexuales con múltiples personas, a la vista de todos, sin protección y bajo el influjo de sustancias tóxicas.

Carmen Fernández Cáceres, directora general de los Centros de Integración Juvenil (CIJ), explicó que, según la investigación que empezaron a hacer desde 2014, por lo menos 25 por ciento de los menores (alrededor de 12 mil 500) atendidos en algunos de sus 116 clínicas han participado en este tipo de juegos “peligrosos”.

“Nosotros dijimos: ¿Qué está pasando con la juventud que está jugando al sexo? al carrusel, a la ruleta o al semáforo sexuales, basados en tener relaciones con quien te toque, sea hombre o mujer, en una actitud muy voyerista, exhibicionista, porque lo hacen frente a todo el grupo”, comentó Fernández en entrevista.

Las estadísticas

“Sin pretender caer en cuestiones moralistas y basándose en evidencia científica”, detalló, en los 116 centros de integración juvenil detectaron que muchos de estos adolescentes inician su vida sexual a los 14 años; 53 por ciento no usa condón; 40% ha sostenido relaciones sexuales bajo el influjo de una droga; 25.6%, con desconocidos, y 20% con más de una pareja sexual en un mismo periodo.

Cuando llegan a nivel medio o superior, 30% de esos estudiantes tratados en los CIJ ha participado en juegos eróticos que en 74% de los casos se lleva a cabo en casas de amigos o conocidos, en fiestas masivas, en los llamados raves o perreos.

“Toman hasta emborracharse para poder jugar. Inhalan las monas para darse valor. Luego lanzan un volado, ponen música que paran en algún momento, utilizan diversos juegos de azar, para propiciar que esa persona tenga sexo con quien tiene enfrente o con quien le toque”, comentó Fernández.

“El juego tiene ingenio. Se incluye posiciones basándose en numeraciones, en el azar, o como les vayan llamado. Pueden intervenir tres, cuatro, cinco o diez. Nos han dicho que en un mismo espacio llega a concentrase hasta 25 personas”, detalló la especialista en adicciones.

Riesgos de salud

Si bien, dijo, “cada quien puede hacer lo que quiera con su cuerpo”, es importante reconocer que este tipo de encuentros hay riesgos de salud.

Por un lado, se encuentra el embarazo adolescente (en México hay 450 mil casos al año), además de contraer infecciones de transmisión sexual.

Los jóvenes, aseguró la experta, a causa de haber tenido este tipo de encuentros, desarrollan ansiedad, depresión, muchos se lesionan y suicidan, sufren de sensación de extrema soledad.

Por ello, abundó, vuelven a drogarse, elevan la dosis, experimentan con otras sustancias tóxicas, y para pertenecer vuelven constantemente a la recreación sexual en situaciones más atrevidas.

“Ahora, por decirlo así, ya no solo recurren al alcohol o mariguana para divertirse, sino que también al sexo, y como cualquier actividad compulsiva, el riesgo además es no establecer vínculos afectivos en la edad adulta”, comentó.

La razón científica, señaló, es que el cerebro tiene un mecanismo de neuroadaptación que provoca que demande más conductas sexuales que provoquen placer.

“Si así establece su placer el adolescente, va a ser muy difícil que en la vida adulta pueda tener otro tipo de gozo. El riesgo también es llegar a no sentir, porque va en una escalada donde ya al rato no le va hacer efecto nada”, señaló Fernández.

Investigación

En los CIJ iniciaron esta investigación para poner en la discusión del desarrollo de las políticas sociales, de salud y destinadas a la juventud, un problema que puede derivar en un desorden social.

“Estamos compilando toda la información científica necesaria para poder diseñar estrategias de control y prevención. No solo en las grandes ciudades, sino en todo el país, porque hasta en los estados con mayor restricciones se encontraron casos, como es San Luis Potosí, Chihuahua y Guadalajara.

“En el sureste del país también se detectaron estos juegos en comunidades rurales. Tenemos a niños, muy chiquitos, de 8 años, consumiendo sustancias y prestándose a todo tipo de actividad sexual”, señaló la especialista.

En la investigación también se analiza un tema delicado vinculado a grupos de adultos, familiares, que están incitando este tipo de conductas.

“Seguramente sí hay adultos que ofrecen alcohol y que emborrachan a los jóvenes para tener relaciones heterosexuales y, sobre todo, homosexuales. Hay hermanos mayores, tíos, padrastros, abuelos, padres que los inducen. Estamos ante situaciones de abuso, ante delitos por inducir a un joven a drogarse”, concluyó Fernández.