MILENIO DIGITAL
18 de diciembre de 2015 / 11:48 a.m.

México.- Alicia no sabe su fecha de cumpleaños, tampoco sabe leer ni escribir. Nació cerca de Juchitán, Oaxaca. Habla zapoteco y, con cierta dificultad, español. Pese a todo lo que ha sufrido, en su voz hay inocencia y ternura.

Ella se encontraba en un refugio cuando tenía 14 años. Estaba desnutrida y deprimida; no quería vivir.

Durante los últimos seis años, han buscado que las autoridades hagan su trabajo y parece que por fin lo consiguieron. Hace unos meses Alicia recibió la noticia de la aprehensión de Margarita Jiménez López, la mujer que la esclavizó por más de dos años.

En Juchitán, Oaxaca, así como en otras regiones donde hay gran población indígena, la venta de niñas es común. Por desgracia, la condición indígena ha estado ligada durante mucho tiempo a la marginación económica y social. Víctimas de la pobreza y la discriminación, los indígenas son uno de los grupos más vulnerables a la trata de personas.

Miles de niñas son forzadas a la servidumbre. Son vendidas por sus padres en sus pueblos y trasladadas a las ciudades para hacer el trabajo doméstico en casas de las que no se les permite salir.

En algunos casos, estas niñas no solo no reciben un sueldo ni una buena alimentación, sino que además son golpeadas, torturadas, amenazadas y a veces abusadas sexualmente. Alicia fue víctima de ese infierno.

Cuando tenía ocho años, su padre murió. Su madre le dijo entonces la verdad, ellos no eran su familia y ahora debía volver con sus padres reales. La habían comprado cuando era apenas una bebé pues sus padres verdaderos eran muy humildes. Alicia se mudó con su familia de sangre, pero la violencia de esa casa la hacía salir a la calle.

Conoció al dueño de un bar quien, sin pedirle su consentimiento, la compró por 20 mil pesos a sus padres. Alicia reclamó, pero nadie la escuchó. Tuvo que mudarse con él.

Ese hombre abusó sexualmente de ella, la obligó a consumir drogas y la prostituyó en su bar a pesar de que era una niña. Tres años vivió  de este modo.

Ell le pidió ayuda a una tía suya que trabajaba en el bar. Embarazada, volvió a casa de sus padres. La cuidaron mientras duró el embarazo. Poco después, el padre de Alicia conoció a Margarita Jiménez López mientras ésta promovía el voto para un partido en Juchitán.

Alicia comenzó a trabajar para ella; en esta primera etapa, dice la joven, la lideresa política era muy amable. "Incluso me daba dinero para la leche de mi niño", recuerda. Sin embargo, las cosas cambiaron radicalmente cuando solicitó a sus padres llevársela a la Ciudad de México.

Alicia supo que la mujer había entregado dinero a sus padres, pero le dijeron que era para los cuidados del bebé. Más tarde supo de voz de su victimaria que en realidad ese dinero era el precio por el que la habían comprado.

La pesadilla comenzó en un departamento cuya ubicación Alicia no recuerda. Allí, Margarita y su hija Tatiana la convirtieron en su esclava. La aislaron, no podía salir de la casa ni hablar con sus padres.

La insultaban y golpeaban a capricho. "Comía un día sí y un día no, solo arroz y frijoles", narra Alicia, quien en ese entonces no tenía ni 14 años. Pero había algo más terrible que la joven debía callar: Jorge, el hijo de la señora Margarita, abusaba sexualmente de ella. Él la amenazó diciendo que si le decía a alguien, la mataría a ella y a su familia.

En completa soledad, Alicia soportó este infierno. Después, debido a problemas con los vecinos que se quejaban del consumo de droga de Margarita y su hija, se mudaron a un departamento en Huixquilucan, Estado de México. Allí las cosas no mejoraron.

Alicia relata que los vecinos se daban cuenta de su situación, pero no intentaban ayudarla. Los guardias de seguridad incluso sabían que no debía salir. En una ocasión buscó apoyo de los guardias, pero éstos la encerraron en una habitación hasta que llegó la señora Margarita.

"Se siente feo cuando te pegan, es feo cuando te violan, no es justo, duele el corazón y la panza", nos dijo con la sensibilidad que la caracteriza.

Alicia no se rindió. Un día escondió los audífonos de Tatiana, pues sabía que ella llamaría para pedírselos. En efecto, poco después de salir de la casa, Tatiana llamó. La hija de la lideresa esperó en su coche a Alicia fuera del edificio y se marchó pronto sin cerciorarse de que la niña volviera al departamento. En ese momento había cambio de guardia, así que tampoco los vigilantes se fijaron en la niña.

Ya libre, Alicia descubrió que no tenía adónde ir, no sabía leer ni escribir, apenas hablaba español, nunca había caminado por una ciudad... Buscó a uno de los guardias, el único que había mostrado preocupación por ella antes. Él aceptó ayudarla y se encargó de trasladarla a un lugar donde estuviera más segura. Después, la llevó a denunciar, aunque sabía que Margarita era una mujer con influencias, aparentemente intocable.

Días después, Alicia fue canalizada a uno de los refugios especializados en víctimas de trata de personas, donde varias personas le prometieron no rendirnos hasta lograr justicia. En junio de este año, después de seis años, la lideresa política y su hija fueron aprehendidas en Juchitán, Oaxaca. Salieron libres.

Tuvieron que pasar cinco meses más para que, gracias al compromiso de los actuales gobiernos del Estado de México y Oaxaca, fueran detenidas de nuevo. Esta vez, además se consiguió la captura de su hijo Jorge García.

Durante años, algunas personas con poder, riquezas o influencias se han considerado intocables, han creído que tienen derecho a dañar a los demás, han pensado que pueden comprar siempre su impunidad.