MILENIO DIGITAL
30 de agosto de 2015 / 09:02 p.m.

México.- En México los llamados inhalables volátiles, como el thinner, ya no solo son usados por menores de edad en situación de calle, sino también por hijos de familia de clase media, quienes —por moda— utilizan esa sustancia en reuniones y fiestas, aun cuando en el corto plazo esa aparente diversión se transforma en daños cerebrales, abandono escolar o del hogar e infecciones de transmisión sexual como VIH/sida.

La diversión al inhalar consiste en sentirse borrachos, sin haber consumido alcohol, así como tener alucinaciones. Caminar y hablar de manera errática para desatar la carcajada de los amigos. También reportan euforia, hiperactividad y placer. Incluso algunos lo hacen para tener, sin remordimiento, contacto con extraños durante juegos sexuales.

Se trata de un “problema serio de salud porque tiene efectos muy agresivos a corto plazo, como estados alterados de conciencia. Mientras crece el consumo se presentan episodios de paranoia, comportamiento agresivo y afectaciones respiratorias, que a su vez ocasionan convulsiones, estado de coma o llevan a la muerte por paro respiratorio”, explicó Víctor Manuel Guisa Cruz, director general técnico normativo del Consejo Nacional contra las Adicciones (Conadic).

Reconoció que esta moda ya se extendió en el país, motivo por el cual en este nuevo ciclo escolar arrancará una campaña de detección en los planteles de educación básica.

Además, Conadic puso a disposición de la ciudadanía el número telefónico 01800 9011 2000 para que las personas realicen denuncias anónimas contra narcomenudistas que aprovechan esta moda para vender sustancias en las escuelas. En tlapalerías o en plena calle se consigue en menos de cinco pesos.

Los niños de la calle usan la sustancia para espantar el hambre, pero “hace tres o cuatro años detectamos que los inhalables comenzaron a usarse también en el medio escolarizado, entre la clase media y media baja, como una moda para divertirse, para formar parte de las fiestas semiclandestinas del perreo”.

El promedio de edad, dijo el especialista, oscila entre los 13 y 14 años, aunque ya atienden a niños de ocho. “No solo usan alcohol y otras sustancia, ahora también utilizan las monas. El problema es que facilita que tengan conductas sexuales de alto riesgo que conlleva embarazo, en el mejor de los casos, o a contraer enfermedades de transmisión sexual que ponen en riesgo su salud”, abundó Guisa Cruz.

La Encuesta Nacional de Adicciones 2012 reporta que la prevalencia de inhalables es de 0.9 por ciento, pero en número absolutos, representan 747 mil menores en todo el país.

El trabajo que realizan en la red de 338 centros de atención para adictos ahora se suma con la labor del profesorado en más de 220 mil planteles de la Secretaría de Educación Pública para identificar de manera oportuna a los alumnos, otorgarles tratamiento y promover su rehabilitación.

Aproximadamente 20 por ciento de la atención que se brinda en los centros es para menores, estudiantes e hijos de hogares en los cuales consumen estos psicoactivos.

El DF, Estado de México, Guanajuato, Puebla, San Luis Potosí y Querétaro es donde se reportan el mayor número de casos.

Los casos

Un simple pedazo de papel higiénico mojado con esa sustancia causa furor y, al mismo tiempo, los menores se exponen a diversos riesgos. MILENIO entrevistó a jóvenes que decidieron abandonar su casa y escuela debido al potencial adictivo de esta sustancia. Uno de ellos es Jesús quien tiene 18 años y comenzó a usar la mona por gusto. La adquiría en cualquier tlapalería, con amigos o conocidos. Su adicción lo llevó a irse de casa pese a que sus padres estuvieron muy al pendiente para regresarlo al hogar.

No obstante, en menos de un año, a pesar del cuidado de sus padres, Jesús contrajo el VIH/sida. “Tuve relaciones con una persona mayor que tenía VIH. En ese momento no sabía que él tenía el virus. Yo inhalaba por socializar con alguna persona”, dijo el joven que ahora se encuentra en rehabilitación en un Centro de Integración Juvenil.

Isabel, de 14 años, aseguró que comenzó a inhalar por placer. “La agarré yo sola, viendo cómo lo hacían los indigentes. Vivía con mi familia y ahorita me estoy quedando en la calle”.

En el caso de Adriana, de 17 años, la situación es parecida. “Lo hago porque quiero. Mi alucine es amor, cariño, respeto hacia mí, nada más.

“No he sufrido abuso sexual, pero sí he visto cómo violan a algunas mujeres o la forma en la que algunos hombres venden su cuerpo”.

Esta sustancia es consumida en todo el país. Los narcomenudistas suelen combinarla con sabores de mango o naranja para tratar de eliminar el olor intenso a thinner.

Y aunque se trata de una sustancia prohibida para uso humano, en la Ciudad de México los narcomenudistas la vende en plena luz del día, como sucede durante la tradicional ceremonia de San Hipólito.

“Forma parte de una serie de rituales que se celebra el día 28 de cada mes, y van y juran, más a Judas que a san Hipólito, que no van a utilizarla.

“Eso no es tolerable, nosotros estamos haciendo un esfuerzo muy importante”, dijo Guisa Cruz, director general técnico normativo del Conadic.